Jorge Savia | Australia (Enviado)
SYDNEY
Quizá pudo haber estado emparentado con lo publicado en la mañana del martes por el Daily Telegraph con gran destaque, diciendo en sus titulares principales que Recoba había expresado que "los australianos no se merecen respeto" de los uruguayos, lo que -obviamente- el "Chino" no había dicho en ningún instante.
Tal vez, también tuvo su raíz en el clima que empezó a crearse en Australia ni bien se supo que los "soceroos" tenían que jugar otra vez con Uruguay por el Repechaje para clasificar al Mundial y enseguida se trajo a colación lo que había sucedido cuando el campeón de Oceanía llegó al aeropuerto de Carrasco para jugar la revancha hace 4 años.
GESTOS. Lo cierto es que el martes por la noche, después que los celestes volvieron de reconocer el Telstra Stadium, un grupo de australianos empezó a insultar y a hacer toda clase de ruidos molestos en la esquina del Hotel Crowne Plaza Darling Harbour.
En un primer momento la acción de un grupo de guardias privados del hotel hizo que los revoltosos fueran dispersados, aunque no sin antes que algunos de ellos alcanzaran a bajarse los pantalones y realizar todo tipo de gestos obscenos en dirección al contingente de emigrantes uruguayos que desde hacía horas estaban parados en la calle, frente al lugar donde se alojaban los integrantes de la selección dirigida por Fossati.
Justamente, esos compatriotas fueron los primeros que "pagaron los platos rotos" por lo ocurrido en esas circunstancias, porque al poco rato, cuando se fueron hacia sus casas, fueron sorprendidos por los australianos que se habían reagrupado a pocas cuadras de distancia: otra vez hubo gritos agresivos, insultos y corridas, hasta que la llegada de la policía acabó con las dificultades.
Sin embargo, una hora antes de la medianoche los manifestantes -todos jóvenes- volvieron a la carga, ahora golpeando los contenedores de residuos, tirando cohetes, tocando cornetas y, mientras apuntaban sus manos en tono amenazante hacia lo alto del Hotel Crowne Plaza Darling Harbour, gritando en un castellano forzado "¡hijo’ de pu..!, "¡hijo’ de pu..!
Como los ruidos se percibían claramente desde el quinto piso donde ya descansaban los jugadores celestes, el comisario Zuloaga -encargado de seguridad de la selección- solicitó a la gerencia del hotel que se llamara a la policía, que acudió al lugar después de pasado un largo rato, durante el cual los australianos continuaron con su agresiva manifestación contra a los uruguayos.
MUJERES. Cuando llegaron las fuerzas policiales, no dejó de llamar la atención que las mismas estuvieran compuestas en su totalidad por mujeres, aunque corresponde establecer que las agentes eran una especie de "Rambo" de pelo rubio y tez sumamente blanca que, pese a la lluvia y a los escasos 7 grados de temperatura que había en la madrugada del miércoles australiano, ¡estaban en camisas de manga corta como si nada!
Los revoltosos volvieron a dispersarse pero fue notorio que solamente para replegarse, porque quedaron nuevamente deambulando por los alrededores, tirando cohetes, gritando, insultando a los uruguayos, y dejando la sensación de que ante la pasividad policial -que se limitó a impedir que llegaran a la puerta del hotel- iban a seguir con su ruidosa "guerrilla" durante toda la madrugada.