CARLOS REYES
"Mi idea es plantear una burla a la sociedad que creemos que somos, que creemos que aceptamos la homosexualidad, la adopción y la televisión, cuando en realidad no aceptamos nada de eso y lo vivimos criticando", afirma Fernando Peña sobre Yo, chancho y glamosoro, que a partir de hoy se presenta en el Stella. "Por eso hice esta tragicomedia sobre la televisión, porque la televisión somos nosotros, es el cómodo residuo donde todo el mundo pone sus basuras y luego le echa la culpa a la tele."
Para eso, el polémico actor argentino armó la historia de una pareja de dos hombres que tienen dos hijos adoptados, y que se ven obligados a instalar un canal de televisión clandestino. Con Sofía Gala Castiglione, Juan Pablo Mirabelli y Matías Quinn, va el viernes 11 a las 21 hs., el sábado 12 a las 22 y el domingo 13 a las 21 hs., con localidades entre $ 180 y $ 280.
"Esta es la primera obra que trabajé con elenco, porque soy un actor de unipersonal, un gran improvisador, y no puedo soportar que me den pies ni darlos. Esta vez me puse en conducta, pero no me gusta trabajar con elencos: es la primera y la última vez. Pero me gustó esto de crear una familia de padres homosexuales que adoptan a dos chicos. Uno es Juan Pablo Mirabelli, que es mi novio en la vida real, y la otra es Sofía Gala. No necesitaba dos actores que hicieran de chicos, sino dos chicos de verdad. Y Sofía es una chica que todavía no es una actriz, es una lolita, un capullo que no abrió".
"Creo que la gente no entendió esta obra y lo único que vio es el desnudo de Sofía, cuando en realidad su monólogo es muy doloroso. Ella sale con toda su pureza, diciendo cosas atroces, frente a dos homosexuales patéticos y el otro pobre imbécil que es el típico rioplatense mediocre, que nunca va a salir de su ostracismo porque se pasa pensando en lo que la gente piensa de él."
RETRATO. Peña llegó a Montevideo (donde nació en 1963) el miércoles 9, pero dada su fama de tipo revoltoso, un suntuoso hotel céntrico se negó a alojarlo. Finalmente se acomodó en el Radisson, por cuyo hall se pasea con una camisa blanca de sus días de colegio, con inscripciones hechas a birome: "Cristo, prestame un clavo que se me cayó un cuadro".
Consultado el artista sobre cómo tomó ese rechazo, él reflexionó: "Soy un mutante, no me da bronca, me da una molestia gozosa. Tengo mucho trajín, mucho ir y venir, y soy una persona que está condenada al movimiento permanente, y creo que lo busco. Pienso que mis padeceres son también provocados. Yo soy un gran provocador porque, aunque la gente no lo crea, provoco para crear un mundo mejor, y nadie me cree (ahí tenés el título de la nota, a lo mejor). Yo exagero, yo tiro una piedra que parece que va a romper una vidriera, pero 10 centímetros antes se convierte en flor. Provoco para que la gente vea a través de mi lo mal que estamos. Soy el que te da una cachetada cuando te dormís en la ruta".
Peña vive en Martínez (Buenos Aires), en una casa con jardín, cinco perros y 18 canarios. Le gusta vivir bien, coleccionando discos, libros, miniaturas de cristal. "Me gustan las plantas, pero no tengo pulgar verde, así que viene un jardinero, con el que tomo mate y le dijo que me encantan los cactus, es una planta hermosa, sensual, fálica, agresiva y tierna. Me encantan los autos (tengo un Peugeot 403 del 60 y un BMW 323) y hacer asados con mis amigos. No salgo a fiestas".
"Soy una pava real, pero que sea homosexual no quiere decir que sea una mariquita. Sólo que me gusta expresar cosas. La ropa tiene que expresar más allá del estampado".