"Las condiciones carcelarias son de las peores que vimos"

| Expertos del Reino Unido en administracion penitenciaria

RENZO ROSSELLO

Los dos expertos británicos en políticas carcelarias y derechos humanos que visitaron las cárceles uruguayas registraron las peores condiciones de reclusión entre los centros que conocieron. Sin embargo, elogiaron los esfuerzos que el gobierno viene realizando para mejorar esas condiciones y reformar el sistema penitenciario.

El profesor de Estudios Penitenciarios Andrew Coyle y el consultor en la misma materia James Haines, ambos académicos del King’s College (Universidad de Londres), fueron invitados por el Ministerio del Interior para tomar contacto de primera mano con los centros de reclusión más importantes. Durante las escasas 48 horas que permanecieron en el país, Coyle y Haines recorrieron las instalaciones del Compen de Santiago Vázquez, el Penal de Libertad, y el Centro Nacional de Rehabilitación (CNR, ex Musto). Pudieron dialogar brevemente con reclusos y con guardias penitenciarios para elaborar sus propias conclusiones.

Poco antes de partir fueron entrevistados por El País y comentaron las impresiones que se llevaron luego de conocer el rostro más duro de la realidad uruguaya.

—En este país se aprobó una ley que modificó algunas normas que rigen el sistema penitenciario, ¿han tenido oportunidad de revisar esa ley? En ese caso, ¿entienden que esas normas caminan en el mismo sentido al que se orienta la legislación en Europa?

—(Andrew Coyle) En todo el mundo, cada sistema penitenciario tiene sus problemas. En general los problemas son los mismos en cada país: son problemas de aumento en la tasa de encarcelamiento y por eso hay sobrepoblación y hacinamiento. Eso no significa solamente una presión en los pabellones y celdas, sino también en todo el resto de la infraestructura: oficinas, talleres, salas de educación, etc. De ahí surgen muchos otros problemas, como por ejemplo la salud de los reclusos, que en muchos países queda en muy mal estado. Y también eso nos lleva a otros problemas del proceso, que en muchos países hay una tasa muy alta, una proporción muy alta de reclusos procesados. En muchos países hay muchos problemas de personal carcelario, en muchos países no reciben una buena formación profesional, ni remuneración adecuada, tampoco reciben el respeto, la estima del público de sus países. No hay, por ejemplo, un servicio adecuado, profesional carcelario, es una parte del servicio de la Policía. En casi cada país se va a encontrar, al menos, uno de esos factores y Uruguay tiene mucho que responde a esos problemas. Pero cuando se empieza un proceso de reforma, hay ciertos elementos muy importantes: lo primero que tiene que haber es voluntad política en lo que tiene que ver con la reforma. Y, por lo que hemos visto en este país, existe la voluntad política de cambiar. El proceso de cambio es un proceso muy complejo, porque no se puede reformar un sistema en el vacío. A veces debe haber cambios legislativos, como lo que ocurrió con esta ley en Uruguay. Si por ejemplo el problema mayor es el de la alta proporción de reclusos procesados, entonces la solución no queda dentro del sistema carcelario sino fuera, es parte del proceso judicial, el problema y la solución. Y la otra parte importante del proceso de reforma es comunicarle al público las razones de por qué ese proceso se lleva a cabo y ustedes los medios de comunicación tienen un papel muy importante en ello. El proceso de la reforma carcelaria no es simplemente tratar bien, amablemente a los reclusos. Si las cárceles se gestionan bien, decentemente, humanamente, eso también va a contribuir a la seguridad de la sociedad civil.

—Han tenido oportunidad de recorrer algunos centros de reclusión de este país y habrán apreciado qué tipo de problemas padecen, ¿a su juicio qué es lo primero que hay que atacar para modificar el sistema?

—Espero que se empiece el proceso fuera del servicio penitenciario. Si se empieza hablando de hacinamiento, la población reclusa en Uruguay se ha duplicado en muy pocos años, hay que preguntarse por qué ocurrió así. Porque sospecho que por la tasa de delictividad que tienen, los delitos no se han duplicado, y sospecho que la Policía no es dos veces más eficaz en detectar el delito. No sé por qué ha ocurrido en Uruguay, pero algo muy semejante ha ocurrido en el Reino Unido, no tan alto, pero un aumento del 70% en el mismo período. Y durante esa época el nivel de delitos ha quedado más o menos igual, sin cambios. Lo que sí ha ocurrido es que ha habido un aumento de delitos creados por las leyes penales, también ha habido una compulsa entre los partidos políticos para ver cuál puede ser más fuerte en el combate a los delitos y en eso tiene también su papel la prensa estimulando el debate.

—Algunos expertos locales sostienen que acá pasó algo parecido al hacer las penas más severas.

—Si empezamos a verlo hace diez años hay que preguntarse por qué el Comcar tenía una capacidad de 900 plazas, pero en este momento tiene tres mil reclusos. Hay dos maneras de enfrentar el problema del hacinamiento carcelario. La primera manera es construir más cárceles, la segunda manera es mirar a todos los que se encuentren en la cárcel y preguntarse: ¿deben de estar todos acá? La primera es una política muy mala, muy ineficaz, porque si se construyen más cárceles se van a llenar y va a haber que construir más y más y más. Hay otra manera de acotar el problema, ¿tenemos que enviar a todos a la cárcel? Este es el debate que hay que comenzar aquí en Uruguay. Ningún país en el mundo ha resuelto el problema del hacinamiento construyendo más cárceles. Porque por ejemplo es posible que en Uruguay lleguen a la misma tasa de encarcelamiento que en los Estados Unidos, van a tener tres veces más reclusos. ¿Tienen que preguntarse: es este el tipo de país que queremos ser?

—¿Qué impresión se lleva de la visita que hizo a las cárceles uruguayas, cuáles son los mayores problemas que detectó?

—Nosotros dijimos al ministro (José Díaz) y al inspector general (Enrique Navas) y ellos mismos nos dijeron que las condiciones son muy malas. Y nosotros dos hemos visto las condiciones en las cárceles de muchos países y también en ciertos países de esta región, las condiciones que vimos ayer son de las peores entre las que hemos visto. Un país como Uruguay no debe tolerar unas condiciones como estas. Pero, por otra parte hemos visto una cosa muy buena, hemos visto una relación muy buena entre el personal, los pabelloneros, y los reclusos. Pudimos entrar directamente en los módulos, en los pabellones, en los patios, sin sentir ningún miedo y con todos los reclusos allí. Nos permitieron hablar con los reclusos con cierta confidencialidad y en nuestra experiencia este es un elemento muy importante en el proceso de reforma, esa posibilidad de la relación directa y confidencial. Y también lo que vimos esta mañana en el Centro Nacional de Rehabilitación fue muy positivo.

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