Carlos Reyes
El Pulga, La Porota, El Padre Roque, Don Cayetano y tantos personajes más que fueron cobrando vida y creciendo con toda una generación (la del 45), serán evocados a partir de hoy a las 19 hs. a través de una charla y una exposición. Homenaje a Julio E. Suárez, Peloduro se inicia esta tarde en el Museo Juan Manuel Blanes (Millán 4015, tel. 3367134) con la participación de quienes fueron amigos del gran dibujante y periodista nacional: Mario Benedetti, Mauricio Rosencof, Mario Delgado Aparain y Jorge Sclavo, entre otros.
Junto a esta mesa de diálogo que busca trazar nuevos perfiles de quien fue un maestro en el arte de la caricatura, una exposición de sus trabajos que abarca un amplio sector del museo permitirá tomar contacto con sus originales e impresos en diarios y revistas. También se exponen objetos más personales, que van desde su epistolario durante su estadía en Europa hasta sus dibujos no profesionales, esto es, retratos de amigos y familiares, pasando por fotografías, esculturas y demás curiosidades.
La exposición, que permanece hasta el 18 de diciembre (de martes a domingos de 12 hs. a 18 hs.), cuenta con un folleto introductorio a cargo del director del museo, Gabriel Peluffo Linari, que aborda los aspectos técnicos de la obra del artista, complementado por un texto del director del Departamento de Cultura de la IMM Mauricio Rosencof, escrito en los años 60, donde rescata los aspectos emotivos y la experiencia de primera mano.
FUNDADOR. Pese a que Suárez no figura en muchos de los diccionarios de literatos y de artistas plásticos del Uruguay (hecho que da cuenta cómo la literatura humorística fue tomada durante mucho tiempo como un arte menor), este artista salteño es una referencia tanto en las artes visuales como en el periodismo uruguayos, actividades que aunó para crear un lenguaje original, abriendo un camino que luego otros grandes transitaron.
Nacido en Salto el 16 de setiembre de 1909, su perfil propio se empezó a hacer notar al comenzar los años 30, cuando los hechos que conducían a la dictadura de Terra le dieron material para sus primeros dibujos periodísticos, que sobre temas de política aparecieron en El País. Junto a esa mirada política, su interés por temas populares, con el fútbol a la cabeza, abren un campo de trabajo que cultivara con intensidad por varias décadas.
Sin despreciar al célebre Walt Disney (como él mismo reconoció), aunque encarando con personalidad la historieta gráfica, fue creando desde entonces un universo de personajes que respiran un fuerte tono local. Del barrio y el boliche saltan a las páginas de los diarios Peloduro, El Pulga, El Torta, El Pileta, El Dulce y otras creaciones que sortean los estereotipos para calar hondo en las costumbres populares de entonces.
Su éxito en la prensa lo lleva a fundar en febrero de 1943 la revista Peloduro, que significó una renovación en el terreno de las publicaciones humorísticas. En esa primera época dirige la audaz, modesta y desgarbada publicación junto a otros humoristas prestigiosos (Wimpi, El Hachero), reuniendo allí a un numeroso equipo de colaboradores que practicó un humor directo, popular y contundente ante los graves problemas del país.
Con el correr de los años su radio de acción se fue agrandando, colaborando con Epoca, El Popular y Marcha, donde fue muy comentada su sección "Caricapturas". En esos ámbitos su humor combativo transitó todas las modalidades, desde las formas simples a las más elaboradas. En ese sentido, su arte no era el de un mero dibujante, sino el de un intelectual, un hombre de ideas y de gran compromiso político.
Desde esa mirada su lápiz registró —a la vez que distorsionó críticamente— desde el triunfo de Maracaná hasta asuntos cotidianos, pasando lógicamente por la mordaz caricatura a políticos. Y pese a la síntesis que obliga la caricatura, en sus dibujos no faltaron detalles deliciosos, desde un paisaje urbano como marco de fondo (que el artista solucionaba con cuatro líneas), hasta una mosca volando o los flecos de las alpargatas.
En sus últimos años, luego del cierre de su revista (que siempre anduvo a los tumbos), encontró refugio en La Mañana, donde comenzó a publicar en octubre de 1964, poco antes de morir, el 15 de agosto de 1965. Su personal sentido del humor también quedó asentado en su Diccionario del disparate y su Comentarios internacionales de El Pulga, personaje que como él afirmaba había desplazado progresivamente a su homónimo Peloduro.
Peloduro en Club de Teatro
Poco después de morir Julio Emilio Suárez, el escritor Jorge Sclavo dirigió con Club de Teatro Acto de humor, que reunía a lo mejor de la prosa humorística del país, en una especie de homenaje al creador de Peloduro. Textos de El Hachero, Javier de Viana, Benedetti, y muchos más, subieron a escena en la pequeña salita de Rincón 516. No faltaron artistas a la hora de sumarse al emprendimiento. Las luces estuvieron a cargo de Nelson Flores y Till Silva. El redoblante fue batido por Horacio Buscaglia, mientras que Enrique Almada se hizo cargo del bombo y los arreglos de murga. Y Ducho Sfeir interpretó Comentario de La Porota en ausencia ocasional del Pulga. Según el crítico José Carlos Alvarez, ese fue uno de los pasajes más sentidos del espectáculo.