MIGUEL CARBAJAL
Bajo, gordito, pelado, podría ser la imagen del francés de provincia. Tiene pinta de catalán no obstante. La comparación es falsa. Se lo digo a Valentí Puig y aclara de inmediato. El hombre es de Mallorca, gente con identificación propia que rechaza el parecido continental.
—Puig, ¿cuál es el peor enemigo de la libertad, el estómago o el corazón?
—El estómago es un gran aliado de la libertad, si no se deja llevar por la demagogia. La necesidad de alimentarnos y asegurar el alimento de nuestros hijos marca un rasgo muy noble que es el afán de enriquecerse. El concepto de libertad es indisoluble con el derecho de propiedad. El esfuerzo económico que hacemos a lo largo de nuestra vida se concreta en propiedad y la responsabilidad conduce a la libertad. Desconfío en cambio del corazón. Los comportamientos del nacionalismo y del proteccionismo manejan el sentimentalismo. Y las emociones.
—¿Qué tipo de emociones?
—En la Europa actual un porcentaje importante de las motivaciones nacen de los miedos: a la apertura de los mercados, a que no venga el "lampista" (plomero) polaco y te quite el trabajo. Miedo al terrorismo islámico, a la inmigración incontrolada. Y a la globalización porque se la vincula a la deslocalización y la gente quiere estar arraigada a algo, pertenecer a algo.
—Hay algunos de esos miedos que son falsos. El lampista polaco, como dice Ud., o el más cercano uruguayo no le van a sacar trabajo al español. Van a efectuar el trabajo que el español no quiere.
—Sí, es sólo un fenómeno irracional. En realidad España necesita más inmigración.
—Y el resto de Europa occidental también.
—Quizá más controlada por cuotas de capacitación. Alemania, por ejemplo, pide personal informático de India. De cualquier manera la gente le tiene miedo a lo desconocido, al vecino de otra raza, de otra religión.
—Al vecino diferente. Los suizos descalificaban a los españoles inmigrantes. Cuando se fueron y los sustituyeron los europeos del Este y los musulmanes empezaron a extrañarlos.
—Porque ya los conocían. Pero no se puede ir contra eso. No es racismo, ni xenofobia. Es miedo al distinto. Lo que ocurre es que en estos momentos aparecen en Europa movimientos populistas que aprovechan el recelo humano y biológico para hacer políticas en contra de la apertura de fronteras. Y se apoyan en elementos básicos. El europeo que ha invertido todos sus ahorros en comprarse un piso que se le desvaloriza un 50% si en la planta baja le instalan una mezquita, no es xenófobo. Simplemente actúa en defensa de sus intereses. Se hicieron políticas de inmigración demasiado ingenuas y ahora exigen políticas de inmigración demasiado drásticas. Hay que legislar con sentido práctico y con visión de Estado.
¿MAMÁ MALA?
—Los uruguayos hemos estado muy dolidos con España. Con excepción de algún chiste gallego hemos creído que los recibíamos con los brazos abiertos y parece que no fue así. De repente nos equivocamos pero los españoles poblaron el país y hoy son el 51%. Pero además se nos enseñó que éramos hijos de la Madre Patria. Y por eso se le pide a España lo que no se les reclama a otros. Pensábamos que éramos una gran familia. Y no es así ¿O lo es?
—Somos sin duda una misma familia. Quizá no se la articuló suficientemente. Y a mí me parece si no ofensivo por lo menos criticable, que en Barajas y los otros aeropuertos españoles haya cola y puertas diferentes para los uruguayos (y demás sudamericanos) y para los integrantes de la Unión Europea. Pero ese es un defecto de péndulo. Se prioriza algo en determinado momento y se relega lo otro.
—Al uruguayo también le parece mal. Es como si lo recibieran con un cartel que aclarara: los sudamericanos al fondo, a la izquierda. Esa dirección sabemos muy bien adónde conduce.
—Hay que controlar la inmigración ilegal y hacer nuevos tratados. En un mundo interconectado por Internet y con lazos sanguíneos e históricos compartidos, España e Iberoamérica tienen todo en común y además pertenecen a Occidente. Salvo que existan indigenistas y nativistas que yo nunca he entendido y califico como movimientos retrógrados.
—Eso que acaba de decir del indigenismo retrógrado de pronto no molesta demasiado al uruguayo, pero no lo repita en Ecuador y Perú, por favor, donde el mestizaje supera el 80%.
—Le aclaro. Estoy contra los guetos culturales. La idea que por pertenecer a una raza u otra tenemos que contar con una constitución especial, un territorio, es absurda. Se dice que los territorios tienen derecho por encima de los individuos. Eso es profundamente retrógrado, sea el nacionalismo vasco o el indigenismo de Chiapas. El individuo está por encima del territorio y los derechos les corresponden a él.
"La privatización ética es la salida"
—¿Está a favor o en contra de las privatizaciones?
—A favor. Lo que no se puede hacer es regalar las empresas públicas sorteándolas entre los amigos del gobierno. Nadie que haya privatizado quiere retroceder, en términos generales y conozco lo que acaeció en Uruguay. Ninguna economía resistiría el pasar a públicas empresas que convirtió en privadas. Sería volver atrás de una manera muy peligrosa. La privatización —controlada y ética— es un hecho de la realidad. Como es otro hecho de la realidad la pérdida de poder público de los sindicatos. No existe ya una clase obrera homogénea.
—¿La corrupción atenta contra la libertad?
—La corrupción es la degeneración del Estado de Derecho y del imperio de la ley. Hoy en día en Africa queda media docena de jueces con pelucas, vestigio del Imperio Británico y ahí radica la justicia. Con todos sus errores el Imperio Británico civilizó. La India resurge por su herencia británica. Dejaron cierta idea de la libertad, y del derecho por encima incluso de la democracia.
—¿Puede haber libertad sin ética?
—Yo diría que no. Y lo más cercano a la libertad es la ética judeo-cristiana. Lo más cercano es el liberalismo.
—¿El económico o el político?
—Los dos.
—El económico tiene mala prensa por estas tierras.
—Y por otras. Es que la izquierda caricaturiza mucho.
—Cuando sirve a sus intereses.
—Desde luego.
Enemigos de la ola que viene
—¿Qué pasa con la globalización?
—La globalización no genera más pobreza, tal vez y no está demostrado, crea más desigualdad, no pobreza. Y la globalización encamina las mentes a la democracia. Se empieza por el lado económico. España es un caso revelador al respecto. En un momento determinado el régimen autoritario de Franco tuvo que liberalizar la economía porque estaba en la ruina. Y ahí aparece la clase media y la evolución porque la clase media es la base de la democracia y de la transición. Lo que se dice la renta per cápita.
—¿Y qué opina del Islamismo?
—El primer factor de preocupación de las familias europeas, por encima del paro, es el miedo al terrorismo y ahí se filtra el Islamismo.
—¿Es uno o son dos como intentan presentarlo?
—El problema siempre es el Islam radical. La solución vendrá por el Islam moderado, anuncian. Pero para que lo sea el moderado tiene que hablar alto. Si no, no es creíble. Tiene que tener líderes que hablen alto. Y cada vez que haya un atentado tienen que condenarlo.
—El terrorismo también infunde miedo interno y sella las bocas.
—También es un problema la falta de jerarquías. El Islam no tiene una cabeza como la Iglesia Católica. Si no aparece el Islam moderado puede irse al choque de civilizaciones, del que se descree pero se acerca. Y además están las conocidas diferencias. Indonesia no es lo mismo que Arabia Saudita y Marruecos, aunque España tenga que bregar con ella como vecino, es un país más moderado.
—¿Cuál es el ideal de la (inevitable) globalización?
—Los enemigos de la globalización y los enemigos de la libertad son los mismos: los populismos y el proteccionismo. Los que la reclaman son los países con menor poder económico: ansían acceder a los mercados del consumo. Pero debe hacerse dentro de un marco de moderación, en forma paulatina, gradual, sensata. Si no puede pasar lo que le sucedió a la apurada Rusia. Fíjese que con la globalización pasa algo curioso. ¿Quiénes se le oponen más ferozmente? Los hijos de las familias ricas que visten alpargatas chinas, anorak coreano y comen hamburguesas. El mundo ya está globalizado. Pero hay que hacerlo paso a paso.
Cronista estrella
Puig no sólo es periodista estrella en el diario madrileño ABC. Es un escritor político de destaque en Barcelona, su lugar de residencia. Vino al Uruguay a participar en el seminario sobre "Las dimensiones de la libertad", organizado por el Instituto Oribe, y el tema que eligió es "Libertad y Globalización".