Familias de agenda completa

| En busca de objetivos ambiciosos, padres e hijos viven ocupados "full time" restando tiempo al trato personal y familiar

Lic. Olga Salgado

Psicóloga de UCM

El crecimiento tecnológico contribuyó a profundizar los conflictos entre las tres últimas generaciones, a través de cambios culturales relacionados con la conformación familiar. La ocupación de la mujer en tareas fuera del hogar, así como un mayor consumismo priorizó "el tener o no tener" al ser, y formar la propia "personalidad" se redujo a un plano competitivo, al "salir adelante" incluso prescindiendo del otro.

Esas situaciones promovieron un círculo vicioso retroalimentado por la educación proporcionada por los padres a sus hijos que, paradójicamente, los alejó más de ellos, y es un fenómeno del que se han ocupado los psicólogos.

En 1994 la psicóloga Mirta Casas señalaba alteraciones en el contacto afectivo entre padres e hijos relacionadas con los modos de vida que ocupan "full time" a padres e hijos, restando tiempo para el trato personal familiar.

Los ambiciosos objetivos de actividades múltiples impiden participar de las vivencias familiares, llevando a una presencia formal, ausente, que traduce aparente indiferencia.

MUY OCUPADOS. Los niños procedentes de una población con más recursos económicos suelen tener una apretada agenda que incluye, además de sus obligaciones escolares, aprendizaje de idiomas, computación, práctica de deportes, desarrollo de habilidades especiales como música, danza o artes marciales. A las actividades desarrolladas en colegios de doble horario, se agregan las tareas domiciliarias y otras complementarias que se realizan en otros centros.

Los psicólogos comprueban que muchos padres que se llaman "modernos" se desvelan por darle "algo más" a sus hijos. Muchos de estos profesionales se preguntan: ¿hay algo que todavía sus hijos no reciben? La respuesta es que si en esa apretada agenda falta algo, es el tiempo libre para el trato personal familiar.

Por otra parte, los padres no escapan a la filosofía que aplican a sus hijos y agregan a sus propias actividades profesionales, las deportivas y sociales, además del tiempo que les insume desplazar a sus hijos entre las diferentes instituciones o llevarlos a la consulta con el pediatra, el psicomotricista o el odontólogo.

En opinión de V. Guerra, los padres no sólo son sostenedores sino artífices de esta situación: parten de la premisa de que sus hijos han de ser "activos, espontáneos, exploradores, persistentes, autónomos, precoces motriz e intelectualmente y conectados casi en permanente interacción." Otros autores se refieren a estos "niños de agenda completa" reconociendo que, aunque no constituyan el modelo predominante, se encuentran frecuentemente en las consultas psicológicas.

El escaso tiempo disponible resta a los niños posibilidad de practicar juegos libres donde desarrollan su creatividad personal. Se nota en los padres una hiperexigencia "desmedida" (incluso en lo económico) con el deseo de ofrecer a sus hijos lo mejor. Su afán de excelencia es traducido por P. Jeamet como "haz lo que quieras, pero sé el mejor". Pero ocurre que los esfuerzos no siempre se acompañan de los resultados esperados, y consiguientemente las frustraciones afectan a padres e hijos. Los padres llegan a la consulta psicológica desorientados respecto a su rol de educadores por haber dejado de ser un referente para sus hijos.

El desequilibrio tiene lugar al desestabilizarse una relación de mutua influencia: no sólo el apoyo de los padres es imprescindible para los niños, pues existe una acción recíproca por parte de los niños. El dicho de que un hijo viene con un pan debajo del brazo, incluye los efectos del niño sobre sus padres, que contribuyen al desarrollo de su personalidad: el hijo puede ayudar a sus padres a crecer.

La psicoanalista francesa Piera Aulagnier ha señalado que la presencia de los hijos y su crianza modifica el funcionamiento psíquico de los padres haciéndolo más sólido y flexible para facilitar la comprensión del otro. Ello se conseguiría a través de un mejor posicionamiento del adulto respecto a su propia infancia, para una maduración emocional completa.

Sin embargo, si bien la acción de hijos a padres podría concebirse como algo realmente positivo, también representa un riesgo, un desafío. No deja de ser un reclamo que pone en juego las capacidades de los padres para responder adecuadamente. Si los padres consiguen satisfacer los requerimientos del hijo, contribuyen a obtener una felicidad más plena de toda la familia, pero cuando su respuesta es insuficiente causa una profunda conmoción en la vida familiar.

Las zonas de la personalidad del adulto que son especialmente interpeladas en esta relación con los hijos, fueron estudiadas por diversos autores en las últimas décadas. Existen distintas teorías al respecto, pero un común denominador de todas ellas consiste en el punto de partida de su análisis, que toma como referencia a los mejores resultados en términos de la conformación del psiquismo infantil.

CERCA Y LEJOS. Hoy el mundo se encuentra saturado por la preocupación de la imagen, por las comunicaciones y por la interdependencia. Aunque todo parece estar más cerca —por la inmediatez que da la TV satelital, Internet y los teléfonos celulares—, las distancias culturales parecen haberse agrandado para el corto período que separa tres generaciones. Creció la distancia entre los modelos de educación y crianza usados para nuestros abuelos, y los usados para nuestros nietos.

Además, la velocidad del actual ritmo de vida dificulta la reflexión, para adoptar las actitudes que mejoren los resultados. Cada padre debería preguntarse por el tiempo dedicado a sus hijos en actividades familiares, y por el tiempo disponible de sus hijos para juegos libres y creativos.

Fuente: Bibliografía de M. Casas, V. Guerra, A. Bauer, M.E. Dominguez, G. Montano, C. Rodríguez, O. Salgado, M. Strauch, P. Aulagnier, E. D. Bleichmar

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