A esta altura, por la sorprendente e incomprensible falta de decisión de la Asociación Uruguaya de Fútbol (AUF) y de la empresa Tenfield, los uruguayos vamos a imitar al personaje de Tatoo de la recordada serie Isla de la Fantasía y gritar con más fuerza que un gol de la selección en las Eliminatorias la aparición de un avión.
Es que ese grito de "¡el avión, el avión!" anunciando la llegada de un chárter para lograr que Uruguay vaya a Australia de la mejor forma posible, para tratar de impedir que el viaje y el cambio de huso horario provoque un desgaste mayor, pasó a ser tan o más decisivo que la participación de Diego Forlán en la delantera celeste.
Aunque está claro que hay que apuntar a lo primero, y que eso es el partido de ida en el que Uruguay necesita lograr un triunfo que lo ayude a afrontar con otra tranquilidad la revancha, conceder ventajas de esa naturaleza puede terminar siendo definitorio.
Lo que provoca preocupación es la forma en la que se cayó el arreglo que se tenía, porque según dicen pidieron más de lo acordado y después avisaron que no se podía mandar el avión. Pues bien, Uruguay debe responder y conseguir otra aeronave a cualquier precio. Porque eso no puede ser evaluado como un gasto, sino como una inversión.
Si no se soluciona, el cuerpo técnico que encabeza Jorge Fossati quedará colgado de un hilo y tendrá que "atar con alambre" un nuevo plan para concretar el sueño.