Análisis político por Alfonso Lessa
La Cumbre de las Américas de Mar del Plata dejó en claro las dificultades de la política internacional y los retos de los gobiernos de izquierda de la región obligados a conciliar sus aspiraciones con una realidad que muchas veces no se alinea con sus discursos y obliga a contradicciones y estrategias divergentes.
La Cumbre generó varios escenarios simultáneos, que incluyeron la agenda oficial, las negociaciones y encuentros informales que siempre se producen en estas reuniones, la realización de la "contracumbre" con participación del presidente venezolano Hugo Chávez, y las protestas y la violencia que se desataron en Mar del Plata y Buenos Aires y tuvieron su insólito eco en la Ciudad Vieja de Montevideo.
El desenfrenado ataque de jóvenes que destrozaron todo lo que se les oponía en su camino generó una situación que no se vivía hace mucho tiempo en Uruguay, advirtió seriamente sobre la existencia de grupos ultrarradicales dispuestos a actuar violentamente y sorprendió a las autoridades.
La intervención de dirigentes del Pit-Cnt y otros militantes impidió que hechos similares se reiteraran más tarde en 18 de Julio, mientras desde la oposición se escucharon críticas hacia el ministro del Interior, José Díaz, responsabilizándolo de no haber tomado las medidas de prevención necesarias.
Díaz, a su vez, anunció que el gobierno actuará con firmeza en casos similares.
OIDOS SORDOS. Tabaré Vázquez fue uno de los tantos presidentes de la región que no escucharon las advertencias de su colega venezolano Hugo Chávez, cuando —en su discurso de la "Contracumbre" o "Cumbre de los Pueblos"— les recomendó que no se acercaran al primer mandatario norteamericano George Bush.
Casi al mismo tiempo que Chávez realizaba esa recomendación en el estadio mundialista de Mar del Plata, Néstor Kirchner se reunía con Bush. Y muy pocas horas después, en un acto no previsto en la agenda, era Vázquez el que se encontraba con un Bush que además de ocuparse de los temas de la Cumbre de las Américas, tenía prontas sus valijas para ir a visitar a Lula a Brasil.
El apretón de manos de Vázquez con Bush no fue un encuentro cualquiera: sellaba el Tratado de Protección de Inversiones que un rato antes habían suscripto el canciller Reinaldo Gargano y el secretario de Estado Adjunto para Asuntos Hemisféricos, Thomas Shannon.
De este modo quedaba en claro que la distancia entre las acciones de estos tres presidente del Mercosur y el confrontativo discurso de Chávez, era mucho mayor de la que separaba al estadio de Mar del Plata del hotel Hermitage donde se realizó la cumbre, más allá de su oposición común al proyecto del Area de Libre Comercio de las Américas.
Chávez, fiel a su estilo, pronunció en el estadio de fútbol un discurso de casi dos horas y media, desafiante, recargado de citas del pasado, con convocatoria de héroes históricos y la presunta identidad de los tiempos de la independencia con la actual coyuntura. El presidente Bush y el "imperialismo" constituyeron los objetivos principales de sus críticas y fueron exhibidos como los enemigos que hoy unirían en una lucha común a los pueblos y gobiernos latinoamericanos.
Paralelamente, sin embargo, se desarrollaban negociaciones y conversaciones de todo tipo que tenían a Estados Unidos como uno de sus ejes, entre las que se destacan las mencionadas al principio de la nota, con papel protagónico de Kirchner, Vázquez y Lula.
El Mercosur constituyó en los hechos —y más allá de Chávez—el principal obstáculo en el impulso al Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA), un proyecto que al menos para Estados Unidos tiene un componente político tan importante como económico y que a lo largo de los últimos años ha sido más un sello que una realidad.
La oposición de los países del Mercosur, sin embargo, tuvo un contenido mucho más vinculado a lo comercial —la persistencia de subsidios agrícolas— que al político de Chávez.
Pero incluso, más allá de la postura crítica del Mercosur, otros gobiernos del continente —también al contrario de lo que sugería el discurso del presidente venezolano— bregaban por concretar el ALCA. Algunos de esos países favorables al ALCA ya tienen tratados de libre comercio con Washington, concretados, o en vía de concretarse.
Lo cierto es que la Cumbre de Mar del Plata dejó varias cosas en claro: una de ellas, es el rechazo que genera en amplios círculos de la región el presidente norteamericano, George Bush. Méritos, por supuesto, no le faltan a quien se ha destacado por su agresiva política exterior y la concreción de guerras con miles de víctimas que, además, parecen haber fracasado en su intento por combatir al terrorismo.
CHAVEZ Y EL MERCOSUR. Pero también quedó en claro que si bien entre Chávez y los presidentes del Mercosur existen aspectos que los identifican, también hay diferencias muy importantes, tanto de estilo como de fondo. La sola participación de Chávez a un tiempo en la cumbre y la contracumbre constituye un ejemplo de ello.
El dato no es menor si se tiene en cuenta que desde Uruguay —y por ahora sólo desde Uruguay— se ha insistido en la inminente incorporación de Venezuela como miembro pleno de un Mercosur, que se encuentra debilitado, atravesando una fase crítica, que no ha logrado solucionar sus problemas institucionales y algunos de cuyos miembros —como nuestro país y Argentina— tienen serios problemas bilaterales.
Todos los problemas que arrastra el Mercosur plantean dudas sobre su futuro y generan serios interrogantes acerca de la incorporación de nuevos miembros plenos, cualquiera sea el candidato. Duda que se acrecienta en el caso de Venezuela cuando se constatan hoy caminos muy diferentes en aspectos centrales de la política internacional, como el modo de encarar las relaciones con Estados Unidos. Y eso sin contar que el proceso de incorporación de un socio implica pasos nada fáciles, que tienen relación con la necesidad, entre otros aspectos, de adaptarse a la política de aranceles del grupo y el abandono de otros bloques de los que el candidato sea miembro.
Mar del Plata quedó atrás, pero algunos de los temas que se discutieron allí seguirán discutiéndose.
Para el presidente Vázquez la reunión de Mar del Plata cerró un círculo que incluyó su viaje a Estados Unidos y Colombia, la participación en la Cumbre Iberoamericana en Salamanca y su visita a Italia, Alemania y Francia.
Actividades que operaron como carta de presentación, cargadas de indudable contenido político, pero también en la búsqueda de mejores oportunidades comerciales, teniendo en cuenta que los límites del Mercosur parecen estrechos y demasiado rígidos.