Castigados por la prensa, Carlos y Camilla vencieron en Estados Unidos

| El americano ignoró la visita real, muchos no sabían que la duquesa existía, solo 19% se interesó en el tema

Daniel Herrera Lussich | Corresponsal permanente

EL PAIS en Washington

Es la primera visita, que no será la última, pero sí dejará una profunda marca y recuerdos por momentos agradables y por otro lado, casi la mayoría, entre dolorosos y muchas veces hirientes.

El Príncipe Carlos y la duquesa de Cornwall, Camilla, despertaron seria resistencia en algunos sectores, lógicas comparaciones sin un razonado equilibrio en otros, críticas severas, aisladas ponderaciones y gestos comprensivos y palabras espontáneas de que "se ven especialmente felices después de 35 años de algo más que amistad".

Pero en realidad desde que pisaron tierra americana, en Nueva York, luego Washington, Nueva Orleáns y San Francisco, los que dedicaron mayor atención a la pareja real fueron obviamente el presidente George W. Bush y la primera dama, Laura, almuerzo y cena de gala mediante, gobernadores, alcaldes, algún invitado de mucho renombre y en especial la prensa influyente, con una o dos páginas con "daga en mano" para la crítica casi sangrienta, tanta que despertó la reacción de los periodistas ingleses que acompañaban a Carlos y Camilla, en general muy severos en sus juicios sobre ambos, que llevó a un choque constante entre la prensa americana y la británica.

INDIFERENCIA O DESCONOCIMIENTO. El grueso del público totalmente indiferente, una encuesta de Gallup dejó al descubierto que 81% no tenía ningún interés en la visita; sólo un 19% deseaba verlos: mientras el USAToday dio porcentajes parecidos con el agravante que un alto número de interrogados no sabía quién era Camilla.

Estos resultados no son de extrañar porque normalmente el americano medio no se inquieta ni averigua lo que sucede fronteras afueras, salvo cuando les atañe directamente como la guerra de Irak. Se ha dado el caso de que durante semanas enteras ninguna prensa ha ofrecido información de Europa o del sur americano. ¡Cuidado!, no es por falta de preparación, los estudios son severísimos, en realidad no les preocupa, viven su mundo y sus problemas diarios.

La princesa Diana fue uno de los raros casos de una imagen que por su belleza y cierto aspecto melancólico entró a todo nivel del público americano. Era asidua visitante de Nueva York y Washington, acompañada siempre por figuras de primerísimo plano; y luego, desde de su boda con Carlos, más los sonados vaivenes de un matrimonio desgraciado y su trágica muerte, todo acompañado por una gran publicidad, en general muy favorable y cuando no escandalosa, formaron el condimento ideal para el pueblo estadounidense. Y en 1985 cuando apareció su foto en todos los diarios, TV y revistas bailando con John Travolta en la Casa Blanca, pasó casi a ser un mito nacional. Tanto que ahora, en esta visita de Charles y Camilla, se encontraron en el salón principal con un cuadro colgado, de buenas dimensiones, que documenta la famosa demostración de baile de Travolta con Lady Di.

Tanto Carlos como Camilla vinieron a salvar una prueba de fuego. Y la salvaron. Los dos diarios más influyentes de los Estados Unidos, The Washington Post y The New York Times, una prensa seria y de enorme peso de opinión, se permitieron varias licencias bastante frívolas sobre Carlos y Camilla, habitualmente nada normales, pero terminaron en un frío, pero franco reconocimiento a favor del príncipe y la duquesa.

HORA DE LAS CRITICAS. No hay duda que varios periodistas pensaban más en un certamen de belleza o comentarios tipo "jet set", que jamás podían encontrar en una pareja como Carlos y Camilla, de 57 y 58 años, con hijos casi hombres o mujeres de sus primeros matrimonios, cuando con ironía hacían comentarios al pie de fotos de primera página.

Uno de ellos muy ácido señaló que Laura Bush, vestida por Oscar de la Renta, famoso modisto y gran amigo de George W., estaba como "salida de una tapa de revista", glamorosa y encantadora, junto a Camilla, con modelo de Valentino, que con pollera y chaqueta parecía un largo rectángulo, una era la novia, obviamente que apuntando a la Primera Dama, otra la institutriz.

El "Daily Mail" tomó un poco en broma un título de USAToday que catalogó el viaje "como un real aburrimiento para el público estadounidense" o The New York Times que embistió porque el vestido de Camilla en Nueva York "era de lana italiana y no inglesa, pese a la tradición monárquica de promocionar productos genuinamente británicos" o peor cuando se reprodujo las palabras de un fotógrafo británico, dichas con rabia para consumo interno, quejándose por las dificultades para trabajar, cuando gritó : "¡estoy harto de correr atrás de estos cuatro arrugados!"

La protesta o la crítica en cambio fue unánime, pero en especial de la prensa británica esta vez, cuando se conoció "que Camilla había llevado en sus valijas 50 vestidos y los acompañaba una comitiva de 14 personas, entre ellas peluquera, maquilladora, masajista y modista" y que el costo del viaje de ocho días era de U$S 445 mil.

El príncipe Carlos tuvo sus momentos de excelente humor y también aquellos que no se contuvo frente a alguna interrogante no muy razonable. Cuando fue a visitar en Naciones Unidas al secretario general, Kofi Annan, Carlos recordó que la última vez que se habían visto había sido en 1997 y bromeó: "Cómo hemos envejecido desde entonces". También durante una entrevista de la CBS, Carlos insistió con su política en defensa del medio ambiente, en la lucha a favor de los productos naturales, cuando el periodista le dijo: "No ha tenido mucha suerte en su prédica, justo Estados Unidos no ha firmado el Tratado de Kioto, ¿ha insistido ante Bush o no ha tenido eco otra vez?, ¿confía todavía que algún día se le oiga?", ante lo que el príncipe respondió, no sin un dejo molesto: "¿usted me está insinuando que será en el otro mundo?"

Otro periodista cuando subía al auto para retirarse de la Casa Blanca le dijo en voz alta desde un par de metros: ¿cómo va en su viaje?, bien?, mereciendo de Carlos, la contestación : "Estoy aquí, vivo todavía".

UN BUEN FINAL. El príncipe Carlos y la duquesa Camilla, visitaron la zona cero en Nueva York (donde se levantaban las Torres Gemelas), museos, ONU, una escuela de educación especial del centro de Washington, viajaron a observar los daños ocasionados por el huracán Katrina en Nueva Orleans, ofrecieron una cena en la Embajada británica e inauguraron un jardín en memoria de los 67 muertos ingleses el 11 de setiembre, entre otros programas de una intensa actividad.

Entre los invitados a cenas, brindis en el Museo de Nueva York, etc. estuvieron aparte de la cena en la Casa Blanca con Bush y Sra., el vice Dick Cheney y Sra., Condolezza Rice, la Secretaria de Estado, famosa soltera, de vida muy austera, que presentó a su compañero como "my friend", Robert de Niro, Steven Spielberg, Sting, Joan Collins, Rudolph Giuliani (ex alcalde de Nueva York), Nancy Reagan, entre muchos otros.

Cabe señalar que Camilla dio una charla sobre osteoporosis ante médicos y pacientes de los Institutos Nacionales de Salud en el Estado de Maryland, habiendo aclarado antes "me involucré por primera vez con la osteoporosis después que mi madre y mi abuela murieron por esta enfermedad devastadora".

La realidad fue que impresionó a todos por sus profundos conocimientos, la facilidad para explicar con claridad sus puntos de vista y hacer alguna pregunta sobre los adelantos en Estados Unidos. Cuando terminó el público aplaudió con entusiasmo, mientras Camilla miraba al príncipe que con una amplia sonrisa, gesticulaba favorablemente con la cabeza.

La pregunta que El País se formuló, después de estar a un par de metros de Camilla en los jardines de la Casa Blanca y haber seguido de cerca su itinerario y las palabras del príncipe Carlos : ¿Qué reacción despierta la pareja real británica?

Hay una cruda realidad, si se piensa en Lady Di, cosa casi inevitable, no se puede avanzar más, dos mujeres y personalidades totalmente diferentes, pero Camilla sabe por dónde camina, es inteligente y simpática, no indudablemente una belleza. Carlos tiene bien marcado su carácter, es un hombre culto con obsesivos temas; medio ambiente, arquitectura, más bien urbanización, pintura y deportes.

Y cómo terminó el viaje para la mirada de los americanos, The Washington Post, le definió el último día de visita: "el heredero británico parece al fin contento y relajado". Dentro de un escándalo real, Carlos y Camilla son monárquicamente felices.

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