Se viene la primera caminata

Presumo que estamos entrando en el "boom" de los maratones en Sudamérica. La legendaria competencia que se asocia a la crónica de los Juegos Olímpicos de la antigüedad, encuentra por estos días versiones populares que la ponen de moda. En grandes capitales latinoamericanas se ha convertido en una atracción mayúscula, que reúne decenas de miles de corredores de cualquier sexo y edad.

Tengo dos amigos —contadores, ambos— que viven esperando que haya una maratón para salir corriendo: supongo que se trata de una manía generada por el trato asiduo con las cuentas corrientes; me han dicho que las maratones, las correcaminatas (o como se les llame) les sirven de descarga para aliviar, en buena parte, las tensiones y responsabilidades derivadas de su profesión. Indudablemente, el argumento es válido.

En las últimas semanas, se ha registrado las incorporación de nuevos e insólitos protagonistas a esa saludable práctica. En Colombia, por ejemplo, debió realizarse el pasado sábado 29 de octubre, un maratón (los colombianos han "masculinizado" lo que yo sigo empeñado en llamar la maratón) donde los participantes convocados eran niños y niñas de edades entre 8 y 18 meses, que tenían que hacer un recorrido "a gatas" por una plaza de la ciudad de Cali. Uno de los organizadores del denominado "I Maratón de Gateadores", fundamentó la razón de esta novedad —mezcla de bebé y felino— en el propósito de impartir educación de salud y promover el deporte. Yo me permitiría agregar a tan plausibles objetivos, el de enseñar a los pequeñitos nociones elementales de economía, que les permitan ir tomando medidas para que, cuando sean adultos, deban ingeniárselas para llegar a gatas, a fin de mes.

Frente al "gaterío" colombiano, nosotros —los habitantes de la vieja, heroica y querida Banda Oriental— nos disponemos a inaugurar, en exclusividad para el mundo, la perrocaminata. El espectáculo —anunciado para el domingo 13 de noviembre— tendrá como escenario a la Rambla de Pocitos, y fue concebido por la Intendencia Municipal de Montevideo y su cadena de planetas, para despertar la conciencia ciudadana (que tarda en salir de la anestesia) respecto de la limpieza de la tacita de plata, hoy en extinción. Se ha buscado, además, brindar a los perros la oportunidad de entonar su "mea culpa" por su empecinada intervención en la suciedad de las calles, avenidas y bulevares: una manera de rehabilitarse ante la comunidad, será esa de su disposición para exhortar al aseo.

Los perros que deseen protagonizar esta "Caminata", pueden inscribirse en el Centro Comunal N° 5: no es necesario presentar currículum ni foto actual (ya que no será difícil reconocerlos como perros) ni tampoco precisan acreditar conocimiento para ladrar en inglés básico. Para la inscripción, bastará entintarse una pata, y estamparla donde mejor les caiga, a modo de signo identificatorio. A lo largo del recorrido, habrá árboles en abundancia para satisfacer urgencias.

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