CRITICA | FERNANDO MANFREDI
En la conferencia de prensa que días pasados habían ofrecido María Paz Santibáñez y el propio Mauricio Arenas, surgió como tema colateral, no menos importante que el del concierto, el de las dificultades que para su difusión tiene la música de este rincón del mundo. Los hechos dieron la razón a las afirmaciones de Santibáñez que señalaba la dificultad de disponer de material impreso de las obras de compositores iberoamericanos. Precisamente, eso tuvo directa influencia en el contenido del concierto, puesto que en virtud de que las partituras de la obra de Orrego Salas llegaron tardíamente fue necesario levantar del programa la Sinfonía N.o 4 de Tchaikowsky.
Así el concierto estuvo compuesto de dos partes, en la primera se ejecutó Antigua de Arenas y en la segunda, el Concierto para piano y orquesta No. 2 de Orrego Salas.
Antigua, concierto para piano y orquesta, fue compuesta entre marzo y agosto del presente año, y el hecho de estar dedicado a María Paz Santibáñez, la solista que lo ejecutaría, estaba añadiendo un elemento más de interés a este estreno.
La forma, aunque destaca lo rítmico como elemento esencial, no ofrece sin embargo la dinamica que a primera vista pudiera esperarse. Aunque no reconoce antecedentes, se siente la tentación de homologarlo al Schoenberg más tardío, es decir cuando el maestro del dodecafonismo casi reniega de los postulados que estableciera y lo hace precisamente con un concierto para piano y orquesta. Es cierto que Arenas utiliza la idea del diálogo entre el solista y la orquesta pero es un diálogo alternativo y sin imposiciones que se asemeja muy claramente a la forma camerística. No es del todo claro cual es el elemento más importante para el creador, o por lo menos no surge con claridad de una primera audición, pero básicamente la sensación de líneas casi contrapuestas entre orquesta y solista, parece prevalecer en la mayor parte de la obra.
Otro elemento que surge a simple vista es una suerte de pulsación que regularmente le da al discurso sonoro una enorme flexibilidad que es a la vez la fortalece y la fragilidad de una partitura verdaderamente "difícil".
La marcación fuertemente rítmica del segundo y tercer bloque temático exige fundamentalmente a la línea de percusión, aunque las cuerdas contrastan fuertemente con sus endiablados pizzicatos, disputándole a veces esa preeminencia.
Los cuatro movimientos del Concierto para piano No. 2 op. 93 de Juan Orrego Salas se desarrollaron en los treinta minutos que tiene de duración. De corte mas clásico que Antigua, la orquesta que acompaña al solista gravita prominentemente en las maderas y metales pero sin dejar de lado la percusión.
El neoclasicismo de Orrego Salas surge en el tratamiento particular que da al instrumento solista, sobre el que planea un hálito brahmsiano claramente detectable. Es una bella obra con un clima algo sombrío de gran fascinación.
Deben destacarse los desempeños tanto de la solista como del director. En la emergencia, María Paz Santibañéz demostró una sólida formación y entusiasta actitud para traducir la esencia de las partituras. En cuanto a Bernardo Teruggi, procesó con intensidad y energía su trabajo como conductor. Sólido, concentrado demostró condiciones para ocupar un lugar destacado en su especialidad.
El público faltó a la cita, muchas pueden ser las explicaciones, es de aspirar que una de ellas no sea que se trataban de composiciones de autores del sub continente.
ANDINO
Concierto de la Orquesta Filarmónica de Montevideo
Director. Bernardo Teruggi.
Solista. María Paz. Santibáñez (piano).
Programa. Mauricio Arena: "Antigua"; Juan Orrego Salas: "Concierto para piano y orquesta Nro 2".
Sala. Teatro Solís, lunes 31 de octubre.