El minero que llegó desde Asturias

| El sueño de quien no pudo llegar a Argentina comienza varias historias sobre emigrantes

El director argentino Juan José Campanella, conocido por films como El hijo de la novia y Luna de Avellaneda estrenó en el Festival de Valladolid el primer capítulo de la serie televisiva Vientos de agua, donde concibe la emigración como un fenómeno igualitario en todos los países y épocas, impulsado siempre por las mismas razones. Los actores Héctor y Ernesto Alterio, Eduardo Blanco y Silvia Abascal protagonizan entre otros la serie.

Campanella (Buenos Aires, 1959) firma junto a Juan Pablo Domenech un guión donde se trasluce la obligación moral y el compromiso solidario que deben tener los países con el drama de quienes abandonan tierra y familia para ganarse la vida lejos de su patria, especialmente si quienes ahora piden ayuda la ofrecieron antes.

La serie arranca en una pequeña población minera de la costa española de Asturias en el año de 1934, donde se perciben los primeros conatos de una revolución política y social dos años antes de la Guerra Civil Española (1936-1939).

El trabajo en la mina, sacrificado, insuficientemente remunerado y expuesto con frecuencia a enfermedades irreversibles cuando no a la muerte por malas condiciones de seguridad, alienta el sueño de un joven picador de emigrar a Argentina, horizonte en aquellos años de un destino prometedor y una vida mejor.

El minero fallece después de una explosión de grisú y su hermano, interpretado por Ernesto Alterio, recoge el testigo del sueño y decide embarcarse rumbo al país americano, donde se casa y tiene tres hijos, uno de ellos, encarnado por Eduardo Blanco, está desempleado y sin un futuro halagüeño en la Argentina de 2001, sacudida por una gran crisis política, social y económica.

El hijo del emigrante asturiano de 1934 realizará ahora la travesía inversa a la que efectuó su progenitor, e intentará labrarse un camino en el país de donde salieron tantos trabajadores acogidos en ese país sudamericano décadas atrás.

Todo ello lo narra Campanella en el capítulo inaugural de la serie, donde presenta dos historias paralelas en tiempos distintos: la Asturias de 1934 y el Buenos Aires de 2001, donde el viejo emigrante es interpretado por Héctor Alterio. En sucesivas entregas, cuyo rodaje continúa aún, intervendrán actores como Valeria Bertuccelli y Marta Etura.

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