El mejor homenaje: la risa

Las figuras de la televisión local se han incorporado al siempre arriesgado mundo del teatro de modos diversos. A la conductora Noelia Campo, por ejemplo, se la puede ver en Groenlandia creando un personaje convincente, mientras quien fue su compañero de trabajo, Jorge Piñeyrúa, "El Piñe", lo hizo en la sala dos del Anglo en una comedia ligera donde en lugar de componer un personaje se comportó como si estuviera en su casa hablando con sus amigos. Daniel Lucas, en El Quijote... cada día juega mejor no hizo ninguna de las dos cosas. Ni pudo componer un personaje convincente, ni tuvo el suficiente desparpajo como para actuar con la soltura con que habla a la prensa o se maneja en las reuniones sociales.

Claro que debutar en teatro al lado de Jorge Esmoris tiene una gran ventaja y un gran inconveniente. La ventaja es que el actor de la Antimurga BCG es como una especie de terremoto que sacude todo el escenario, sacando adelante cualquier espectáculo, casi que sin importar cómo esté integrado el elenco. La desventaja: que al lado de uno de los actores más aguerridos y viscerales del medio, actuar mal equivale a quedar aun más en evidencia, dado que el público puede comparar entre los dos extremos que hay en materia de desempeño actoral.

Todo eso no obsta para que el espectáculo crezca y se desborde hacia la platea, en buena medida porque en medio de la locura general que propone Esmoris (tanto desde su rol de autor y director como de actor), encontrar al conocido comunicador y crítico de cine de Canal 12 metido en todo eso parece una humorada más, de las tantas sobre las que se va armando la obra, afortunadamente bastante rara y fuera de lo común.

No es fácil describir la puesta por todo lo que pasa en escena. Una escenografía fantasiosa nos ubica en un universo prácticamente onírico, pese a que la música de murga a todo volumen se encarga de que no olvidemos que estamos en Uruguay. En ese escenario armado en módulos, con cubos que cumplen diversas funciones, los tres actores trabajan como parodiando a antiguos cómicos de la legua, cambiando de personajes continuamente y mezclando todo tipo de historias.

En cuanto al texto, Esmoris realiza un collage de historias que mezcla las cosas más dispares, jugando con maestría a partir de un paralelo entre el Siglo de Oro español y el presente. Sobre esos dos tiempos tiende puentes que crean desopilantes efectos de humor, aunque en la medida que el espectador maneje mejor el Quijote y su época los puede disfrutar más. Por ejemplo, en la cueva de Montesinos el ingenioso hidalgo manchego se entera que Uruguay ganó en Maracaná de modo fraudulento. Pero si el espectador sabe algo sobre qué le ocurre al Quijote en ese capítulo, el sentido y el humor se multiplican. De todos modos, la historia igual puede divertir a todos los públicos.

Mientras cruza sentidos entre relatar un partido de fútbol y tratar de desenmarañar la mayor obra de la literatura española, Esmoris realiza una larga sarta de escenas de antología, utilizando un futbolito, un molino de viento de utilería, o leyendo el momento de la muerte de Alonso Quijano, el bueno. La entrevista al propio Cervantes, muy bien llevada por Horacio Nieves, es uno de los tramos más divertidos.

En medio de toda esa multiplicación de acciones, parlamentos y sentidos, Lucas pareció en la función del estreno, el jueves pasado, como achicado, sin duda impresionado y bastante perdido. Incluso en un momento Esmoris llegó a pasarle letra. Pero algo de eso debió suponer el director cuando armó todo esto, puesto que se reservó para sí mismo los pasajes más largos y graciosos, como un tango que saluda al espíritu inclaudicable del Quijote y termina con una insólita referencia a la cumbia villera.

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CRITICA | CARLOS REYES

EL quijote… cada dia juega mejor

Autor y director. Jorge Esmoris

Escenografía. Freddy Núñez Batlle y

Francisco Bentos

Vestuario. Carmen Martínez

Elenco. Esmoris, Daniel Lucas y

Horacio Nieves

Sala. Teatro del Notariado

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