La exposición de motivos del Mensaje del Poder Ejecutivo a la Asamblea General, parte de una verdad inconmovible: "El presupuesto es la expresión financiera del programa de gobierno". O, como decíamos en clase, es un plan de gobierno con el signo monetario por delante. Pero lo que no surge claro es el plan de gobierno. En seguida se refiere a la herencia maldita, expresando que se heredó un fortísimo endeudamiento, que hay un grave incremento de la pobreza y la desigualdad social, insuficiencias en materia de empleo, proceso emigratorio, envejecimiento... lo cual no permitirá una rápida materialización para superar esos problemas.
Pero hete aquí que en el capítulo del mismo mensaje titulado "La situación económica durante 2004" se presenta un documento honesto y sincero, elogiando el comportamiento de la economía, consolidando el proceso de recuperación, con un fuerte incremento de la producción de bienes y servicios, pronunciado aumento de la recaudación, control de los gastos públicos, se mantuvieron los precios bajo control, importante recuperación de la inversión, crecimiento de las exportaciones y su diversificación y un marcado descenso en la desocupación. Reducción de la inflación, superávit en la balanza de pagos, baja del riesgo país, recuperación de la confianza en el sistema financiero, todo, a pesar de ser un año electoral. Mayor elogio imposible. Y entonces ¿cuándo tiene razón el Mensaje?
Retomamos el Mensaje, después de esta violenta contradicción: el único camino es el incremento de la inversión productiva. No dice cómo. Agrega que se han previsto los recursos necesarios para financiar los gastos del Estado. ¿De qué manera? Muy sencillo: sin recurrir a ajustes fiscales, a partir de la lucha contra la evasión, mayor eficiencia en la recaudación y simplificación de la estructura. Acotamos, un presupuesto que se financiará, no con ingresos genuinos, sino con expectativas variables, y dependientes. Y en distintas partes del Mensaje, se emplean condicionales, como "se supone", el crecimiento "estaría", las exportaciones "seguirían aumentando", "el marco nacional e internacional será favorable", se supone que la autoridad monetaria tendrá éxito en su conducción, "se supone una paulatina pero importante recuperación de los salarios", "los intereses de la deuda pública se reducirán", "se contempla un importante aumento en las inversiones", "se supone un incremento de los egresos destinados a salarios, gastos de funcionamiento e inversiones de 500 millones de dólares", en el quinquenio. Se refiere también a la contratación de técnicos para los Consejos de Salarios y de inspectores de trabajo. No menciona las miles de creaciones "de confianza" para compañeros, ni las atribuciones de los secretarios, ni la verticalidad, ni los "guardias de corps", ni la exclusión en el Presupuesto de los Tribunales de Cuentas, del Contencioso Administrativo y Corte Electoral, la destrucción de la carrera en RR.EE., los traspasos de funcionarios, los ascensos a militares, un plan de obras sin financiación suficiente, mayor presión fiscal, la realidad de los aumentos de sueldos para fines del período, así como la inflación para entonces.
Tampoco se menciona que existen hechos internos y externos permanentes y distorsionantes (precios, competitividad de otros países, conflictos, tensiones, un mundo cada vez más ágil, tecnológico e investigador...) Y este es un punto básico. En cuanto al sistema nacional de salud y la educación son temas mayores, que deberían ser motivo de estudios profundos. Como también el Mercosur. Los niños en las calles, los hurgadores, los mártires de delincuentes, los accidentados de un tránsito caótico, son también temas urgentes y pertenecientes a los derechos humanos, y no solo los encarcelados por delitos de todo tipo. Pero el espacio se terminó y queda mucho más en el tintero. Como muestra alcanza.