Cuanto menos se sepa...

EL gobierno hizo bandera electoral de las auditorías que serían nombradas en las distintas reparticiones públicas aunque con ello desconocieran las competencias del Tribunal de Cuentas y de la propia Auditoría General de la Nación. Mientras desplegaba ese celo para detectar las irregularidades que habrían podido cometerse en la administración de los últimos años, quedaba un ancho campo donde estaba ausente esa loable inquietud: en el vasto dominio de la intendencia capitalina. Allí algunas irregularidades asomaban a simple vista, sin remover expediente alguno. Se sumaban a las deficiencias tan serias como de difícil explicación, que han aquejado a la gran mayoría de sus servicios, a pesar de la situación privilegiada de su burocracia, que debía ser al menos, una garantía de su eficiencia.

A lo largo de quince años, han contado con una mayoría absoluta, y a veces aplastante de la Junta departamental, una administración de arriba abajo flechada ideológicamente, mientras hicieron todo lo posible por debilitar los mecanismos de contralor aun cuanto más dilatadas y sectarias se ejercieran sus potestades.

FUERON infinidad los pedidos de informes que quedaron sin contestar, y muy pocas veces la mayoría franqueó los caminos para clarificar lo que ocurría en buena parte de los servicios, cuyo mal funcionamiento y cuyos abusos se padecían en la experiencia cotidiana. Un emblema de esa realidad fue la simbiosis Municipio Autoparque.

Quienes pretendieron erigirse en voceros de cristalinidad en la función pública allí han tenido buen lugar para dar el ejemplo, y ganar en autoridad para mejor exigirlo a los demás. Pero la cosa ha sido al revés. La cristalinidad para afuera, allí donde, a pesar de todo, funcionaron más contralores y no hubo fuerza política alguna que contara con un predominio tan abrumador como el que siempre ha contado el Encuentro Progresista en la Intendencia capitalina. Cristalinidad para todos menos para el vasto dominio de la Intendencia capitalina, que en esa materia cuenta con un récord histórico, que de vez en cuando conviene recordar. Años atrás, con motivo de la investigación del Tribunal de Cuentas, dando cuenta de las profundas irregularidades cometidas en la administración del subsidio al boleto, los ediles de la mayoría iniciaron acción penal contra los ministros del Tribunal.

A la vez, sus legisladores intentaron promover en la Asamblea General, la destitución de sus integrantes, como castigo por tratar de echar una luz en el dominio municipal de entonces. No creemos que se haya dado en la historia del país un caso tan elocuente de apego a la oscuridad como aquel episodio, que por otra parte resultaba revelador de la conducta de un partido en el gobierno.

Sin embargo el Dr. Ehrlich que no quiso hacer auditorías en torno a la gestión de quien lo había precedido y hasta se solidarizó con ella, seguramente para no aparecer recelando de la acción de sus correligionarios al frente de la Intendencia, supo brindar las informaciones que le requirieron ediles opositores, y se mostró dispuesto a actuar cuando se detectaron serias irregularidades. Eso es lo que ha ocurrido recientemente con el Director de Jurídica de la Intendencia a raíz de verse involucrado en ilegales fraccionamientos de tierras catalogadas como rurales.

ESE episodio grave no obstó al entusiasta apoyo que le brindó el Partido Comunista al funcionario involucrado. Fue apenas un indicador de un panorama administrativo, en donde el desorden, la irregularidad, la ineficiencia y el dispendio incontrolado suelen encontrarse con mucho más frecuencia que la conveniente, a pesar del desgano para que se haga la luz. Precisamente, en tanto se substanciaban las responsabilidades provenientes de aquel hecho, la rendición de cuentas municipal nos anunciaba que los casinos de la Intendencia habían perdido en sólo un año, la friolera de ciento cuarenta y cuatro millones de pesos. El que tres casinos pierdan ese río de dinero en sólo un año es un hecho digno de figurar en la más severa antología de los récords. Como también debería figurar en ella el hecho de que tales resultados se conozcan y no pase nada, que las autoridades se nieguen a investigar y todavía que quien estuvo al frente de esos casinos, sea premiado con el cargo de Director General de Casinos en el orden nacional.

PODRIA agregársele para completar con un cuaterno esta coincidencia de curiosidades irrepetibles, que quienes se muestran tan partidarios de la opacidad y de las sombras cuando se trata de anomalías en su propia gestión, son los mismos cruzados de la transparencia siempre que no sea en sus dominios.

El arquitecto Arana, el intendente bajo cuya gestión los casinos perdieron bastante más que una centena de millones de pesos en un año, salió públicamente a hacer una defensa de la buena administración de los casinos. Naturalmente, de acuerdo a su invariable estrategia, encontró que también aquí la culpa la tenía el anterior gobierno, no la intendencia. El descargarla en hombros ajenos, ha sido una constante, del ex intendente, que no la ha debilitado ninguno de los muchos aspectos de su mala gestión. Debía impulsar a sus correligionarios a que voten la investigación así pueden demostrar una vez más la perversidad del gobierno anterior para la Intendencia del arquitecto. Y a lo mejor descubre por qué en los casinos del municipio la gente estaba tan unánimemente bendecida por la suerte, que la banca está en desbarranque.

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