Todo estaba preparado para la consagración de La Trampa como la banda de esta edición del festival. La primera noche, la Trotsky y La Vela habían protagonizado los conciertos más celebrados, y la expectativa para la segunda era ver en acción a la agrupación encabezada por el guitarrista y compositor Garo Arakelian, que en estos días saca un nuevo disco.
Ya desde la tarde del sábado, estaba claro que la batalla por el pecho de los jóvenes la habían ganado las camisetas de La Trampa. Pero la noche final tenía a otras bandas que eran esperadas con ansiedad, entre ellas Buitres con nueva formación, Once Tiros y No Te Va a Gustar, la del cierre. Media hora luego de lo anunciado los tiempos de la segunda jornada fueron acomodándose sobre la marcha los locales de Placebo For Export iniciaban el espectáculo con un repertorio de rock-pop que aspiraba a cierto virtuosismo instrumental.
Tras ellos, Rendher hizo su primer concierto multitudinario. La banda surgida después del fin de Elefante mantiene un sonido similar, aunque con un perfil algo menos electrónico y más jugado a la contundencia y a las descargas de pesados bloques de distorsión procesada. La voz de Stella Maris tuvo más vigor que sensualidad.
Boomerang, en tanto, llevó sus canciones pop a un terreno más enérgico y desprolijo: el tiempo asignado y las condiciones del sonido arriba del escenario para los grupos de la primera parte de la grilla no fueron las óptimas, pero ninguno de los músicos con los que conversó El País se quejó. "Es así y chau. Son las reglas del juego" decía el cantante de Boomerang Gonzalo Zipitría.
La Triple Nelson se convirtió en la revelación del festival con un potente repertorio de blues y rock pesado, principalmente extraído del segundo disco, "Seguir mejor". El cantante Christian Cary arengó y consiguió que la gente pidiera un bis, único caso de la tarde entre las bandas en ascenso.
Mientras Once Tiros iba cerrando su presentación, los poquísimos claros que quedaban en el pasto del Parque se llenaron: se venía La Trampa. Tal vez sabiendo de la expectativa generada y el fervor que esperaba ser liberado en el pogo, la banda comenzó en un registro más tranquilo, para evitar contribuir a incidentes abajo del escenario. El grupo administró bien tanto los tiempos como su repertorio, colocando hits como "Luna de marzo" en el momento exacto. La guitarra de Arakelián fue la absoluta protagonista del show, con un volumen penetrante y poderoso.
El espectacular crecimiento de La Trampa fue aludido por el cantante Alejando Spuntone, cuando recordó un concierto en el que había dicho: "Algún día, el Teatro de Verano nos va a quedar chico".
La profecía se había cumplido y Spuntone demostró su orgullo, pero también dio la única nota disonante (y nada hipócrita) del festival: "Acá estamos y lo logramos a pesar de que muchos nos quisieron serruchar el piso, incluso desde acá adentro".
NTVG realizó el mejor show de todo el Pilsen Rock. Había tocado en el festival Pepsi Music, en la misma noche que Bersuit Vergarabat y otras potencias del rock argentino: "Nos fue bien", dijo el baterista Pablo "Chamaco" Abdala y cuenta que los pasos en Buenos Aires van lentos pero seguros. Hoy trabajan con el pequeño sello discográfico Barca y sus presentaciones en vivo son muy elogiadas por la prensa.
Con 11 años de trayectoria, NTVG tiene una visión más abarcadora de los caminos del rock nacional. "Cuando veníamos para Durazno —dijo Abdala— y sentíamos la cifra de más de 100.000 personas, recordábamos con Emiliano que hace menos de diez años, las bandas de rock uruguayo no convocaban más de 2.000 personas al Teatro de Verano, a veces en programas conjuntos. Y ahora estamos acá. Nos alegra vivir el momento, pero también haber vivido la transición desde adentro".