Fugas, motines e inseguridad

EN materia de seguridad este gobierno está haciendo agua por los cuatro costados. Y ni qué decir de la "sensación", ese sentimiento que gana a los ciudadanos cuando las informaciones apuntan sistemáticamente a un aumento de los delitos o del riesgo de que se cometan.

La inseguridad está en las calles, porque los índices delictivos así lo certifican y la inseguridad ha ganado a los institutos y establecimientos destinados a marginar a los que cometen delitos —y por tanto deben purgar una condena— del resto de los ciudadanos, que se esfuerza por pagar sus impuestos, cumplir con la ley y tratar de proteger su familia y sus bienes.

DOS peligrosos delincuentes se fugaron el martes del Penal de Libertad —considerado el de máxima seguridad— y lo hicieron caminando, sin túneles trabajosamente preparados, sin limar barrotes, sin saltar vallas ni cercos, sin amenazas y sin violencia. Lo hicieron caminando y afuera los esperaba un coche que los trasladó lejos del establecimiento.

Y eran dos delincuentes pesados, harto conocidos: Julio Walter Guillén Bustamante (alias "El Cotorra Loca"), responsable, entre otras lindezas, de dos homicidios, y el israelí Yehoram Alal, uno de los zares de la droga (éxtasis) en California, sobre el cual estaba pendiente un pedido de extradición desde los Estados Unidos de América. El israelí ya había intentado fugarse de Cárcel Central —donde estaba inicialmente alojado— disfrazado de mujer, pero se manejó torpemente con los tacos altos y fue descubierto.

El escape de Guillén Bustamante y Alal se suma al de Noé Soria Paz, uno de los mayores traficantes de marihuana del país, que hace escasos tres meses se abrió paso a tiros para saltar un vallado y huir de la cárcel de La Tablada a plena luz del día.

PERO las fugas no se han limitado a estos casos. Con menor repercusión han habido muchísimas más, que generalmente salen a la luz pública cuando reinciden en el delito y son vueltos a capturar. Allí los partes policiales estampan el inquietante "que se había fugado de...", al dar cuenta de su detención.

Con este panorama a nivel de mayores, de delincuentes recluidos en establecimientos de seguridad "celosamente custodiados", no sorprende lo que ocurre a nivel de menores infractores, donde las condiciones de reclusión presentan dispositivos disuasivos mucho más leves.

DESDE marzo del presente año —cuando asumió el nuevo gobierno con su nueva política de encarar la delincuencia— se han registrado 12 (sí, doce) motines en la Colonia Berro, en un clima de violencia creciente. El último tuvo lugar el domingo, en el centro SER, donde un funcionario recibió dos heridas con "cortes" de fabricación casera y pocos son los que están dispuestos a continuar trabajando en las actuales condiciones.

NO hay que olvidar en medio de este aquelarre de revueltas y menores ensoberbecidos y cada vez más peligrosos, el triste episodio que protagonizó la ministra de Desarrollo Social Marina Arismendi y el senador comunista Eduardo Lorier, porque —por lo menos— contribuyó a que se perdieran los puntos de referencia y la disciplina que debe rodear la vida de estos establecimientos.

Su demagógica y populista intervención ("se trataba de mis gurises y mi gente"), el desplazamiento de las jerarquías naturales de la institución que significó el impedimento a la acción disuasiva de las fuerzas policiales, el transformar al senador en chofer de los menores para culminar en la fuga de un nutrido grupo de ellos. Algunos han sido recapturados, como "El Bolo", "El Calavera" y "El Gaby", pero otros, como "El Salteño", líder de ese motín, aún permanecen prófugos, como testimonio de la poca seriedad que hay en el tema.

Poca seriedad que se confirma cuando —sin ninguna prueba— el presidente del INAU (que en seis meses realizó tres viajes al exterior) echa las culpas de lo que ocurre a una extraña coincidencia entre algunos movimientos de personal en el organismo, incluso de carácter político, y algunos motines.

PRESOS que se fugan de los penales, menores infractores que se amotinan y se fugan de los establecimientos del INAU, son una realidad y no una mera "sensación" de inseguridad como gustan argumentar algunos voceros del gobierno cuando la gente se manifiesta atemorizada o inquieta. Las cosas claras: hay inseguridad y hay sensación de inseguridad.

Y eso que —a propósito— hemos soslayado todo lo relativo a la aplicación de la ley de "Humanización de las Cárceles". Porque por lo menos, en este caso, salen en libertad amparados por una norma de derecho positivo y por decisión judicial.

Municipales conversadores

Mucho se conversa para demostrar lo contrario, pero el déficit de la Intendencia Municipal de Montevideo, por el ejercicio 2004, está mostrando que la comuna está fundida.

Luego de 15 años de administración frenteamplista las culpas no pueden ser de otros partidos, salvo la argumentación que, por reiterada, muchos piensan como real de que el gobierno nacional no los asistió para poder seguir gastando.

Vale tener en cuenta el viejo dicho de "para muestra basta un botón".

Al revisar las deudas por el uso de teléfonos celulares, sin pagar por el 2004, se constata que las mismas llegaron nada menos que a un millón de dólares.

La cosa estuvo muy conversada, pues a lo detallado se le debe agregar otro millón setecientos mil dólares por las llamadas comunes no pagadas.

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