Todo cambia...

ALGUN día, algún historiador, algún politólogo, o quien haga sus veces, juzgará, objetivamente, la conducta asumida por el conglomerado partidario que se llamó Frente Amplio y, luego, Encuentro Progresista-Frente Amplio-Nueva Mayoría, extraño y extenso nombre que oculta virulentas disparidades internas e indefinición en sus fines y procedimientos.

Algún día, decíamos, alguien se encargará de desenmascarar una trayectoria basada en la demagogia y en el voluntarismo, en la oposición sistemática a los gobiernos de turno y en la aptitud camaleónica para parecer lo que no se es, para confundir al ciudadano y para enviarle mensajes con promesas que sabían no podrían cumplir. Nadie puede negar, honestamente, que durante décadas, primero los embriones y, después, los integrantes de esa bien llamada colcha de retazos se cobijaron bajo nuestras libertades democráticas, y las aprovecharon plenamente, a fin de infiltrarse en nuestros medios de comunicación, de manifestarse mediante artistas teatrales que pretendían saber de todo, de difundir letras politizadas a través de cantantes populares y de hacer del carnaval un simple instrumento de lucha.

SENTENCIARON cuál era el camino hacia el futuro recurriendo a intelectuales que se aplaudían mutuamente y —madre de todos los males y de todas las batallas— acabaron con la laicidad haciendo de la enseñanza una maestría en proselitismo.

No se cansaron de propalar sus dogmas. No dejaron ningún muro libre de sus consignas. No respetaron ni los árboles del ornato público, ni los cordones de las veredas, ni los monumentos, ni los cementerios.

Por doquier, estamparon sus críticas despiadadas o las vocearon a todos los vientos y adoptaron posiciones que no sólo no son las que hoy parecen sustentar sino que son sus opuestas.

Repudiaron al Fondo Monetario Internacional por considerarlo un vulgar instrumento del imperialismo yanqui y un factor empobrecedor del Tercer Mundo ya que, según sus expertos economistas, los asfixiantes intereses que cobra por los préstamos que otorga aumentan sideralmente una deuda cuyo pago impide el desarrollo social. O se paga al Fondo y se incrementa el pauperismo o no se le paga y ese dinero se invierte en combatir la pobreza. El FMI era, pues, el gran culpable...

OTRO tanto, sostenían, ocurría con el Banco Mundial, con el BID y, desde luego, con los prestamistas privados y tomadores de bonos del Estado, todos ellos representantes del más execrable capitalismo neoliberal y globalizador.

Así se recitaba la lección en el pasado reciente. Pero todo cambia...

Aunque, supuestamente, todo lo que antes se había hecho en nuestro país se había hecho mal y no se habían atendido las necesidades, de todo tipo, del hombre común y, menos aun, del carenciado, el nuevo gobierno, el primer gobierno de izquierda que haya tenido el país en 175 años de historia, iba a arreglar todos esos desaguisados.

Pero lo que evidentemente cambió fue el discurso que la izquierda propalaba.

ANTES que nada, se acudió al templo mayor de las finanzas mundiales a rendir pleitesía y a anunciar, ante las autoridades del FMI, el nombre del próximo Ministro de Economía. Además, se aceptaron sus exigencias fiscales y monetarias —en un vano intento de justificación moral se afirmó que el FMI no imponía nada sino que coincidía con los proyectos del EP-FA-NM— y se hizo toda la buena letra necesaria para hacer olvidar denuestos anteriores. Por cierto, ya no se pintarrajeó ni se proclamó que tratar con el FMI era entregar, hipotecar y malbaratar el rico patrimonio de los orientales. Es que el cambio estaba en plena marcha.

La mitad más uno de la ciudadanía le había entregado las llaves del Ejecutivo, del Legislativo, de los ministerios, entes autónomos, servicios descentralizados y organismos de contralor. Podían cambiar cualquier cosa a su antojo. Podían no insultar más a los organismos crediticios internacionales sino sonreírles melifluamente. Podían renegar de la "herencia maldita" de los gobiernos anteriores (se exceptúa el de la Intendencia montevideana) pero seguir prolijamente su estrategia económica y fiscal. Podían, igualmente, cumplir con sus promesas electorales pero resulta obvio que el dinero no alcanza para satisfacer todas las demandas que ellos mismos habían incentivado. De ahí las continuas huelgas, ocupaciones (alentadas legalmente) protestas y ataques gremiales que está soportando el gobierno "progresista", que se declara defensor de la seguridad ciudadana pero que libera presos. Todo cambia: ya no se oye hablar de latifundios ni de desalambrar.

SIN embargo, en algo muy importante la izquierda progresista y proteica no ha cambiado para nada. Hay que reconocerle que, a pesar de que ahora se proclama como una purísima defensora de la democracia, de sus libertades y de los derechos humanos que ella consagra, no pudo esperar más allá de un minuto, luego de la asunción presidencial del Dr. Vázquez, para restablecer las relaciones diplomáticas con la dictadura vitalicia y hereditaria imperante en Cuba. ¡Todo un símbolo!

Los ciclistas

Vuelven los calores, se alejan los días fríos y las posibilidades de lluvias y los ciclistas retoman su camino. Desde que este sistema de transporte explotara en gran forma, hay un núcleo enorme de ciclistas que no saben absolutamente nada del tránsito, pues así lo demuestran cruzando con semáforos en rojo, circulando a contramano, no poniendo luces para su andar nocturno. En fin, una serie de problemas que afectan el tránsito y lo peor de todo es que el peligro que corren en cuanto a sus vidas —ya ha habido lamentablemente cantidad de accidentes mortales— está comprometiendo con sus irresponsabilidades a los conductores de vehículos automotores, ya sean coches, ómnibus, camiones, taxímetros.

Hay que reglamentar y exigir a quienes circulan en bicicleta que tengan un conocimiento de las reglas del tránsito e, incluso, obligarlos a usar casco como se hace con los motociclistas.

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