Nuestra percepción es que demasiadas veces hay más Medicina que Salud, lo cual no es novedoso: viene sucediendo hace años. El tema trasciende al Ministerio, se da en la Universidad con la formación desproporcionada de médicos en relación a otros profesionales de la salud, y en las instituciones de asistencia, que dicen ocuparse de la salud cuando en realidad lo hacen de la enfermedad. Ello es en parte producto no deseado del fenomenal avance que tuvo la investigación científica médica en la última mitad del siglo XX, y se ha dado en todas las sociedades.
Pero no busquemos justificaciones para los desvíos y ocupémonos de mejorar la salud de la comunidad. Para ello se necesita del concurso de varios profesionales trabajando de forma coordinada y armónica en equipos bien integrados en un régimen de dedicación total a tiempo completo, donde no sólo haya multi sino también inter y transdisciplinariedad.
Hoy nos ocuparemos específicamente de enfermería, ejemplo paradigmático de algunas sinrazones, absurdos y corporativismos que impregnan las políticas de salud.
Al MSP le cabe responsabilidad porque no sólo omite su cometido específico de reglamentar y controlar con criterio, sino que en sus hospitales avala y consolida el modelo. Que haya más médicos que licenciadas de enfermería —al revés de lo que la lógica y el sentido común indican— y que el MSP no emita señales para cambiar, es deplorable. Que en su organigrama no haya un Departamento de Enfermería consolida y reafirma la corporación. Que el propio MSP haya pretendido desconocer una ley aprobada la legislatura pasada que transfiere la Escuela Scosería a la Facultad de Enfermería —con un trasnochado decreto intentando retornarla a la UTU— es, lisa y llanamente, un absurdo. La manifestación de las propias interesadas frente a la sede ministerial logró detener la situación —aún no saldada— pues falta firmar el decreto, éste sí adecuado, por el cual se reglamenta la ley.
Son este tipo de incoherencias las que avalan luego que en la propia Universidad se discrimine al asignar los recursos para el área de la salud entre las Facultades, por ejemplo entre medicina y enfermería. Y no nos referimos a cifras absolutas; nos referimos a gastar mucho en algo que la sociedad tiene de sobra —médicos— mientras no se invierte un poco más en lo que sí necesita —enfermería.
Pero hay más perlas. En el mensaje del Presupuesto enviado al Parlamento se mantienen expresamente 250 cargos de internos en medicina, pero "desaparecen" del texto 100 cargos de internos en enfermería. Es ¡una vez más! la discrecionalidad de la autoridad basada en la sinrazón, el absurdo y el corporativismo. Algo que todavía puede cambiarse: en las instancias que vienen, tener mayorías parlamentarias implica una gran oportunidad y una mayúscula responsabilidad partidaria. Pero atención, en esas mismas instancias, no escuchar razones —así provengan de las minorías— y no rectificar lo que corresponda, pondría en evidencia un exceso de soberbia irracional propia de otros tiempos y una actitud autosuficiente que no se corresponde con las mejores tradiciones democráticas.
Mientras tanto, ¿podremos pasar de una Secretaría que en los hechos tiene una predominante visión médico-patológica a un Ministerio —integral e integrado— basado en los criterios de los equipos de y para la salud? Es posible, necesario y conveniente. Vale la pena.