Camino a la redención o la catástrofe

| La protagonista Maggie Cheung obtuvo el premio a mejor actriz en Cannes por esta labor

El drama de la droga y las fracturas de las relaciones familiares constituyen el tema (o los temas) de Clean, coproducción franco/anglo/canadiense dirigida por el francés Olivier Assayas y protagonizada por Maggie Cheung, Nick Nolte y Béatrice Dalle, que se estrena hoy en Cinemateca 18 en el marco del proyecto Viva la Diferencia, dedicado a la promoción de un cine "distinto". El film pasará a integrar también las carteleras del circuito comercial a partir del próximo viernes.

La historia, escrita por Malachy Martin, Sarah Perry y el director Assayas tiene que ver con una ex-presidiaria (Maggie Cheung) cuyo marido ha muerto a consecuencia de una sobredosis, y que debe hacer frente a su propio problema de drogas para recuperar la custodia de su hijo, quien ha quedado a cargo de sus abuelos. El abuelo (Nolte) es un hombre cansado, su esposa está realmente enferma, y ese clima enfermizo envuelve al niño. La madre se propone "limpiarse" (de ahí el título en inglés) para recobrar al chico. El reencuentro de ambos, por lo menos al principio, desencadena algún mecanismo de desconcierto y tristeza, y genera incertidumbres acerca de lo que puede pasar con ellos.

AMBIENTE. El director Assayas inscribe sus historia en un ambiente descrito con mucha precisión: el negocio de la música tal como funciona hoy, con detalles que van cayendo aquí y allá, lo que alguien ha definido como "momentos robados a la vida moderna que se alternan entre diferentes ciudades". La película tiene como ámbito general el mundo del rock, cuenta con participaciones especiales de gente del ambiente (Tricky haciendo de sí mismo), y numerosas referencias a sellos discográficos y revistas especializadas. Al presentar su film en el festival de Toronto, Assayas explicó: "Mi manera de acercarme a una película es adaptar mi experiencia". Aunque los artistas nunca deben ser tomados literalmente, puede ser sin embargo un dato el hecho de que haya elegido como protagonista a su ex pareja Maggie Cheung, la espléndida actriz china de Con ánimo de amar de Wong Kar-wai y también de numerosos films de artes marciales.

Ha podido señalarse que a medida que la acción avanza y se acercan la redención o la catástrofe, la película se abre también a la emoción sin insistir en la exaltación, el "glamour" o el patetismo, sin el regodeo en la atrocidad. En un comentario en la revista El Amante Cine, el crítico argentino Marcelo Panozzo destaca como una característica esencial de la película "eso que últimamente no suele aparecer en el cine, una cualidad quizá cursi de definir, que tiene que ver con la vida misma y la manera en que nos envuelve, con nuestra propia memoria de la muerte, la pérdida y el dolor, con determinados momentos de generosidad providencial, con los colores de la tristeza y con la soledad y sus sonidos".

DIRECTOR. El resultado es otro giro en la carrera de Olivier Assayas, ex crítico de la legendaria revista Cahiers du Cinema, enamorado del cine como herramienta autónoma de expresión, cineasta a la vez personal y ecléctico. De acuerdo a una tradición muy francesa que cabe hacer retroceder, por lo menos, hasta los tiempos de la Nouvelle Vague y de los orígenes de la propia Cahiers (de donde como se sabe salió gente como Truffaut, Jean-Luc Godard, Claude Chabrol, Eric Rohmer, Jacques Rivette, Pierre Kast, Jacques Doniol Valcroze y otros realizadores célebres), Assayas comenzó opinando sobre el cine ajeno antes de hacer el propio. Como realizador ha exhibido una amplitud de criterios que le permitió hacer Los destinos sentimentales, que era una sólida adaptación literaria, "académica" si se quiere, que se las arreglaba para inscribir la trayectoria individual de sus personajes en un contexto social examinado con cierto cuidado, pero también Irma Vep, un film más personal que reflexionaba sobre el cine, sus posibilidades e imposibilidades, además de homenajear a su mujer de entonces Cheung, que reaparece aquí en un papel que le valió el premio de mejor actriz en Cannes 2004. Entre una cosa y otra el cineasta había hecho Demonlover, una suerte de "technothriller" muy posmo sobre villanías corporativas que se disputaban un juego de pornografía violenta. Aquí vuelve a un tema que parece haberle importado, con resultado que ha recibido elogios.

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