Al filo del plazo que marca la Constitución se envía por parte del Poder Ejecutivo el proyecto de Presupuesto Nacional para su tratamiento parlamentario. Del mismo poco se sabe, salvo las marchas y contramarchas previas para aumentar la dotación presupuestal en la educación pública y dos certezas: por un lado el incremento significativo del gasto del entorno del 36%, comparado con el del año 2004 y por el otro una amenaza de renuncia del Ministro de Economía que congeló la respiración de los tres millones de uruguayos.
Lo que es bien sabido es la importancia que tiene la aprobación de esta ley, tanto para el cumplimiento de las promesas preelectorales como para imaginar el comportamiento del Estado en los cinco años venideros. Es la "ley madre del cambio", se decía en el Hotel Presidente...
Desde estas páginas le hemos reclamado al gobierno que por el bien del país, aprovechara los primeros meses de su gestión para proponer cambios sustanciales, de esas reformas estructurales que la literatura en ciencias políticas aconseja que hay que hacer en plena luna de miel, y hasta ahora no hemos visto nada, salvo el stand by con el Fondo, la implementación de los consejos de salarios, las acciones del Ministro Díaz con los presos y las ocupaciones, las secuelas del plan de emergencia o todo lo relativo a los desaparecidos en la dictadura militar.
La izquierda ha demostrado solidez, solamente, en el manejo financiero, que permitió el regreso al mercado de valores, en lo demás es improvisación tras improvisación al punto que casi destruye la confianza bien ganada en el exterior en tan solo unas horas.
Improvisando pues, llegamos a este presupuesto en donde a la fecha los ministros no saben el tamaño del tijeretazo en sus carteras, los agentes de la educación no saben la cuantía ni la generosidad de las reflexiones en solitario del Presidente y la población en su conjunto no sabe cuál de las fórmulas, inflación, endeudamiento o ajuste fiscal, será la elegida para hacer frente a tamaño compromiso.
A solo seis meses de instalado el Frente Amplio en el poder nadie puede asegurar, ya no la anuencia del equipo económico en el Presupuesto que debería ejecutar que es obvio que no existe, sino el resultado del tratamiento parlamentario que por imperio del desconocimiento de la realidad puede llegar a trasformarse en el paradigma del voluntarismo populista.
O acaso alguien sabe en que, cómo, y con qué objetivos se va a destinar el famoso 4,5% del producto en la educación.
Por delante tendremos más de esta nueva forma de gobernar, veremos desautorizaciones públicas entre gobernantes, formación de comisiones que arreglen las consecuencias de estos desencuentros, comunicados de sindicatos solicitando tratamientos equiparables y una vorágine inimaginable que tendrá como telón de fondo la furibunda lucha por un peso más para una repartición estatal y la más creíble de todo el gabinete desautorizado y disminuido.
Si como blancos nos preguntamos a diario cuál es la forma más eficiente de poner freno a muchas de las novedades que nos trajo el progresismo, si permanentemente nos cuestionamos sobre cuál es la mejor manera de colaborar con el bienestar del país en este contexto de descontrol, si continuamente vemos cómo se desarrolla nuestra capacidad de asombro en temas relativos al acontecer nacional, debemos por el bien de todos, incorporar a estos desvelos el mecanismo menos perjudicial para tratar a un elefante en un bazar.