WASHINGTON
Katrina puso a la defensiva al presidente estadounidense, George W. Bush, quien ayer pidió que esta catástrofe natural no se convierta en un asunto de politiquería, cuando su administración está siendo duramente criticada.
La Casa Blanca anunció que Bush se desplazaría al terreno de la catástrofe hoy, cuatro días después del pasaje de Katrina por Luisiana, Mississippi y Alabama, cuando el presidente se limitó hasta ahora a sobrevolar el miércoles las zonas inundadas del sur de Estados Unidos.
El presidente encargó a su padre y a su predecesor, Bill Clinton, la coordinación de la organización de las tareas de socorro privadas, como ya lo hicieron por el tsunami.
Este paquete de anuncios provenientes de la Casa Blanca intenta aparentemente detener la avalancha de críticas contra el presidente.
"Nada en la actitud del presidente (el miércoles), que parecía despreocupado hasta la indiferencia, indicaba que comprendía la profundidad de la crisis", opinó The New York Times en un editorial titulado A la espera de un jefe.
Para Bush, en el nivel más bajo de popularidad en los sondeos (53% desaprueba su política), Katrina podría, sin embargo, ser una oportunidad para demostrar que es un buen líder en tiempos de crisis, cuando las persistentes dificultades en Irak preocupan cada vez más a los estadounidenses, que en su mayoría desaprueban lo que hace el gobierno en ese país.
Pero el intento es tanto más difícil cuanto que los efectivos militares normalmente desplegados en este tipo de crisis, los de la Guardia Nacional, están siendo intensamente movilizados hacia Irak.
USA Today reprochó a la Casa Blanca su reacción aparentemente improvisada al día siguiente del huracán. El presidente generó una importante reacción, pero a pesar de ello, se mantiene el sentimiento de que la ayuda a las víctimas está llegando demasiado tarde.
Ya criticada por haber tardado en reaccionar ante el tsunami de diciembre último, la Casa Blanca intenta defenderse.