Fred Gerley, de 28 años, es un uruguayo que vive hace cuatro en Nueva Orleans. Como la gran mayoría de sus vecinos, abandonó la ciudad dejando sus propiedades cuando supo del huracán, y ahora está a salvo con su familia, aunque evidentemente, muy preocupado.
—¿Cuándo dejaste Nueva Orleans?
—Salimos el domingo en la tarde, cuando la mayoría ya había abandonado la ciudad. Desde el viernes, con los primeros avisos, la gente se estaba yendo; las fotos de larguísimas colas, imponentes, son de esos primeros días. Por suerte unos vecinos se iban en su auto, y nos llevaron.Tuvimos suerte además porque el camino ya estaba bastante despejado: sólo pusimos 10 horas para hacer un camino que en general lleva dos pero que en estos días podía implicar toda una jornada. Estamos ahora al oeste de Louisiana, cerca de la frontera con Texas, en un hotel, siguiendo todas las noticias.
—¿Cómo fue el operativo de desalojo?
—Fue dantesco. Gente trancada en las enormes colas, esperando por horas, en un clima pesado y muy caluroso (ahora hacen 34, 35 grados). Hubo varios muertos por el calor en las carreteras. Todo fue bastante caótico pero no tanto, porque para el desalojo cerraron todas las carreteras de entrada y se circulaba por ambas vías solo de salida. Eso facilitó muchísimo. Ojo, nadie te obligaba a salir: el alcalde avisó por televisión el viernes, y pidió que los que pudieran abandonaran la zona. Así deslindan responsabilidades: ellos avisaron
—¿Cómo está la situación ahí ahora, tras el huracán?
—En realidad los vientos no fueron para tanto: entró como un huracán categoría 5 y la intensidad fue bajando. El problema no fueron tanto los vientos, que estaban previstos y la gente se había preparado, sino lo que vino después: se esta inundando todo. La situación es cada vez peor, esta todo bajo agua, y el nivel no disminuye sino que sugue subiendo.
—¿Y ustedes cómo están?
—Nosotros estamos bien, con la incógnita de cuándo podremos volver a nuestra casa. El lunes decían que en una semana, ahora dicen que podremos volver recién dentro de 14 semanas. Además está la duda de cómo estarán nuestras cosas, te vas con lo que tenés puesto, una maletita cada uno, y ves por televisión de los saqueos, que hay gente que se quedó para robar. Eso es muy angustiante.