carlos reyes
La cantante y compositora argentina Eladia Blázquez falleció ayer a los 74 años en la clínica porteña Bazterrica, donde fue hospitalizada hace tiempo a causa de una enfermedad oncológica. Autora de reconocidas canciones como Honrar la vida y Mi corazón mirando al sur, su deceso apena a los innumerables seguidores de su música, que cosechó en el tránsito por el folklore, el género melódico y el tango, al que imprimió un estilo propio. Sus restos serán cremados en el cementerio de la Chacarita, donde está sepultado Carlos Gardel.
Blázquez llegó al tango luego de una larga carrera como cantante y autora de otros géneros. A los ocho años debutó profesionalmente en el género criollo, integrando la Pandilla Marilyn junto a Angelita Lamberti. Porque a pesar del carácter humilde de su casa paterna —ubicada en la localidad bonaerense de Avellaneda, en el sur del Gran Buenos Aires— su familia le había regalado un día de Reyes un pianito que marcó su profesión y su futuro. El regalo fue complementado con una guitarra que costó siete pesos.
Y como su abuela cantaba en casa antiguas habaneras, ella no tardó en enfilar hacia la música española, siguiendo el impulso de su ascendencia andaluza. Por su voz cálida de adolescente se ganó el mote de la Pequeña Imperio Argentina, con el que figura en el primer reportaje de su vida. Pero hacia 1955 se vuelca hacia el género melódico, mechando en su repertorio canciones propias. Al abandonar el repertorio español, tan fijo por entonces, sintió que se liberaba, abrazando diversidad de estilos. Boleros, joropos o valses peruanos le permitieron descubrir la música hispanoamericana, transitando hacia un folklore personal y de amplia geografía.
La cantante se volvió compositora: "Cuando escribí mis primeras letras —recordó en una ocasión— lo hice porque en la canción melódica se estilaba una letra de corte convencional y temática poco profunda. En vez de recurrir a un colaborador podía hacer las letras yo misma, logrando de paso una mejor unidad con el tema musical". Por ese camino alcanzaría los puntos más altos de su carrera, con letras de profundo sentido poético.
Fue en esa veta folklórica, aunque con algunas canciones de temas ciudadanos (como Si Buenos Aires no fuera así), que afirmó su carrera de intérprete, pianista y guitarrista, con éxitos como Que mala suerte y Cuando el amor se va. En 1968, el Segundo Festival Buenos Aires de la Canción le premió su balada No es un juego el amor, que marcó un hito en su trayectoria. Y ese triunfo supuso un nuevo quiebre estilístico en su creación. La necesidad de renovarse la conduce al tango, terreno en el que la Pequeña Imperio Argentina se convirtió en "La Discépolo con faldas".
Es a partir de 1970 que renovó el territorio tanguero con una serie de piezas que le dio un estilo diferente al dos por cuatro, al que aportó recursos técnicos de otros géneros populares. A esa renovación, la tradición del jazz también dio lo suyo, como Blázquez reconoció con total franqueza: "Tengo bien claro que el jazz melódico recibido de Irving Berlin y Cole Porter marcó mi concepción armónica del tango y que espontáneamente pongo ese bagaje en la entraña de mis tangos."
DE SUR A NORTE. Nacida el 24 de febrero de 1931, sobre su lugar de nacimiento dijo una vez: "De Avellaneda no puedo decir que me guste; puedo decir que la quiero, que es diferente." El éxito de su carrera, sin embargo, la llevó a vivir en Barrio Norte, uno de los lugares más costosos de Buenos Aires, aunque fiel a su espíritu tanguero, gustaba repetir que su corazón había quedado en su modesto barrio natal.
Si bien ese salto geográfico y social lo había dado en base a una carrera de amplio repertorio, fueron algunos de sus trabajos los que le dieron especial renombre, haciéndola trascender por los puntos más apartados del planeta. Entre sus numerosos trabajos musicales, de irregular valor, y que abarcaban desde la música del Caribe y la balada hasta el bolero, destacan algunos clásicos de la música rioplatense, como Sueño de barrilete, A un semejante y Contame una historia, aunque su tango más recordado seguramente es El corazón al sur, que grabó en 1976.
Tales éxitos le valieron innumerables reconocimientos. Declarada Ciudadana Ilustre de Buenos Aires, y habiendo recibido otros muchos galardones como el Premio Fondo Nacional de las Artes (1997) y el segundo Premio Nacional de Música (1999), este año fue distinguida con el afamado Premio Konex, en el rubro de composición de tango, mientras que una década antes había recibido el máximo lauro de esa fundación.
Más allá de premios y reconocimientos, su música caló hondo en el sentir popular por las vivencias y sentimientos que expresa. Las letras de sus tangos, que por su dura mirada hacia la condición humana le valieron ese paralelo con el autor de Cambalache, fueron contrapesadas por un sentido poético pleno de ternura. Otras veces, según cierta crítica, sus canciones se volcaron hacia la retórica vacía y el nacionalismo hueco. Pero aun considerando esos reparos, su arte siempre conserva la humildad y la frescura de quien desea comunicar sensaciones directas más que mensajes políticos. Algo de eso dejó caer en una entrevista, donde manifestó que el tango contemporáneo tiene que compendiar en los dos o tres minutos de texto cantable, la intensidad de una pequeña obra teatral.