Fernando Manfredi
Viste de sport y calza zapatos deportivos (zapatillas para los argentinos), responde con cortesía y evita toda gradilocuencia. Es muy cómodo hablar con esta primera figura del ballet internacional y una de las personalidades más apreciadas de la vecina orilla. Hablar con Julio Bocca espanta todos los temores que previamente pueden apoderarse de un periodista, por más que una figura de ese nivel debe estar habituada a responder muchas veces las mismas preguntas, reiterando una y otra vez las mismas historias. Aunque para los montevideanos se trata de una figura familiar, esta vez Bocca extenderá sus presentaciones en el Solís junto al Ballet Argentino, a lo largo de tres días, partiendo de este noche. Es la revancha de una actuación anunciada entre las primeras para el teatro recién reabierto y que debió postergarse casi un año.
—¿De qué se trata el nuevo espectáculo?
-—Bueno, hay tres obras que hicimos ya este año en Punta del Este, con buen éxito, puesto que a la gente le gusta muchísimo. El programa está integrado por The River, que es una obra de Albinelli con música de Duke Ellington, luego haremos el pax de deux de Balanchine sobre Tchaikovsky con Sofía, una chica nueva que acaba de cumplir 18 años y que está trabajando ahora en el New York City Ballet. Luego estamos presentando dos obras nuevas que son Allegro brillante y Tarantela, que también son de Balanchine y creadas para nosotros. Cerramos con nueve temas de Frank Sinatra de Twyla Tarp, coreógrafa americana que ahora está teniendo un éxito notable con una comedia musical en Broadway denominada Moving Out. Así que tenemos clásicos, neo clásicos y el último es un estilo baile de salón con excelente selección de canciones.
El público afirma que vuela. Cierto, vuela con tecnicismo y por supuesto con arte. Ese arte que es capaz de desacralizar para alcanzar al público masivo. Tal vez pretenda competir de igual a igual con el fútbol. Por eso ha hecho espectáculos con entradas más que populares y llegó a bailar en "la 9 de Julio".
—¿Qué ha realizado en los últimos tiempos?
—Estoy llegando de Estambul, con el Ballet Argentino. En tres semanas cubrimos Japón, Dinamarca, Estambul, Buenos Aires ida y vuelta. Por otra parte con el American Ballet realicé la temporada del Metropolitan, con el que ya llevo 20 temporadas.
—Parece increíble un vínculo tan prolongado...
—Cierto. Es una compañía maravillosa y se hace más increíble cuando uno lo razona como me sucede en esta nota. Son 24 años de profesionalismo. Es increíble continuar vigente luego de haber empezado tan joven.
Se inició en la danza a los cuatro años. Su madre, Nancy Bocca, fue la persona que le enseñó los primeros pasos de baile, en el estudio que ella dirigía. Puede decirse que aprendió a bailar antes que escribir.
—Desde que tengo uso de razón me interesó y me gustó la danza, me hacía sentir libre. Yo sentía que eso era fácil para mi.
—¿No costó asumir esa disciplina que exige el ballet tan tempranamente?
—No, yo siempre fui muy disciplinado. No era para mí una obligación, era como una parte del juego.
—La entrada al Instituto Superior del Colón a los ocho años debe haber sido un gran cambio, ¿no es así?
—Ahí puede decirse que comenzó la verdadera disciplina. Yo salía a las 6 de la mañana de mi casa y hasta las 9 de la noche no regresaba. Pero me gustaba. Llegaba hecho m..., pero me gustaba. A veces a los 9 o 10 años ya viajaba solo en el tren y a menudo cuando regresaba me quedaba dormido y me pasaba de estación. Yo entonces vivía en Munro y al pasarme terminaba en Boulogne. Hasta ahora me acuerdo! Pero era una disciplina que me gustaba estaba haciendo algo que para mí resultaba importante.
—¿Cuando se produce el gran salto que lo lleva a convertir en internacional su carrera?
—Con la Escuela del Colón empezamos a hacer giras, cuando yo tenía 12 años, y recorríamos todo el interior. Me acuerdo que vinimos una vez aquí y nos quedamos en el Hotel Casino Carrasco, algo maravilloso. Y recuerdo que como por esa época yo trabajaba como refuerzo del ballet del Colón, no pude viajar con la compañía que venía en micro, entonces me pusieron en un avión. Fue la primera vez que me subí a uno. Mi primer viaje internacional fue al Uruguay. Ya a los 14 me contrataron en Caracas por siete meses, luego de Brasil y ya empecé a trabajar como primera figura. Allí tomé conciencia de que podía alcanzar una carrera internacional más que intentar ser primer bailarín del Teatro Colón.
—En 1986 Mikhail Barishnikov lo contrató como primer bailarín del American Ballet Theatre.
—Sucedió cuando fui al Concurso de Moscú. Barishnikov vio un video de la competencia y llama a Buenos Aires para hacerme la proposición de integrarme a la agrupación y nada menos que como primera figura.
—¿Qué características pueden haber incidido en la elección?
—Mira, creo que lo que debe haber incidido es la limpieza en la realización de cada trabajo, también la parte técnica, la musicalidad. Como yo tuve oportunidad de actuar como partenaire, fui visto interactuando con parejas. Creo que esencialmente lo que vio fue una personaje que podía llegar mucho más. Y como tu sabes, en Estados Unidos cuando ven algo que puede destacarse enseguida lo consiguen.
—Siempre hace referencia al término "limpieza" como un atributo ¿qué quiere decir con esto?
—Es a lo que uno debe aspirar en cualquier disciplina. Si uno hace un giro, o un salto debe ser neto, claro. Las transiciones deben ser prolijas, no hacer algo porque sí. Cuando uno es joven hace muchas cosas porque sí, gira de más, termina mal un pasaje. Para eso es necesario constancia y entrenamiento diario.
—¿Cómo se hace para lograr mantener ese nivel de calidad?
—Físicamente no tenés que comer mucho, yo en mi caso a veces... La bebida alcohólica la tenés que dejar de lado, aunque yo algunas veces tomo porque me gusta, pero esencialmente me cuido puesto que sé que la clase diaria, el entrenamiento, será algo que deba hacer hasta el último día que baile. Esta es la única forma de mantenerse óptimo. El viajar, tener funciones y continuar viajando "ensucia". Las clases y el entrenamiento ponen la máquina en orden.
—Quisiera que contara algo acerca de la Fundación Julio Bocca.
—Es algo muy nuevo que espero alcance los objetivos previstos con el tiempo. Aparte de mantener el Ballet Argentino, la Escuela de Comedia Musical, damos becas a la gente del interior o también a la de la Capital que no tiene recursos económicos para que puedan venir a la escuela a estudiar. Las becas del Interior por ejemplo tienen todo pago: estadía, viático por día para comer, más los estudios. Lamentablemente en cualquier parte del mundo tienes que venir del Interior a la Capital para estudiar y la Fundación se encarga de eso.
Dos sueños que Bocca ha realizado
n La Compañía Ballet Argentino se inició en la ciudad de La Plata en el verano de 1990 y desde entonces ha realizado (casi sin interrupciones) presentaciones en los más importantes teatros y estadios cerrados de los cinco continentes, representando en sí misma la realización de uno de los mas queridos de Julio Bocca.
Poder presentar en su país y en el mundo la calidad y excelencia de los bailarines argentino, algo que se mantiene con el paso de los años gracias a la rigurosa selección de su joven plantel llevada a cabo anualmente mediante exigentes audiciones de la que participan bailarines de todo el país.
Ballet Argentino se ha presentado en dos oportunidades en el Teatro City Center de New York, mereciendo cada vez nuevos y encendidos elogios de todos los medios especializados y una cálida recepción del público norteamericano que colmó la capacidad de la sala en todas las funciones. Actuó recientemente en la Opera de París, en el Teatro Mariinski —ex Kirov— de Leningrado y fue la primera compañía extranjera en actuar en el Palacio Hermitage de San Petersburgo.
Los bailarines que han pasado por esta compañía ya suman más de 100, los cuales se encuentran repartidos por teatros de Argentina —como el Teatro Colón y el Teatro San Martín— Europa y América. Uno de los más destacados es Herman Cornejo ganador de la Medalla de Oro en Moscú en 1997.
En los últimos años, el Ballet Argentino ha incluido en su repertorio obras de Martha Graham como Acts of Light y Diversion of Angels; la obra The River de Alvin Ailey y en el 2003, el coreógrafo estadounidense Chet Walker —responsable del musical de Broadway Fosse viajó a Buenos Aires a montar una creación exclusiva para Julio Bocca y Ballet Argentino.
Otro emprendimiento es el ballet Sub 16 que forma a niños de 8 a 16 años, que pertenecen exclusivamente al Estudio Julio Bocca, actualmente lo conforman, aproximadamente 30 alumnos. Además de contar con una disciplina de trabajo similar a la empleada por Bocca, los alumnos toman contacto con coreógrafos de diferentes técnicas lo que contribuye a otorgarles una formación integral con amplios criterios.
Dos cosas son importantes en cuanto al Ballet Sub—16, por un lado, los chicos que forman parte de él no abandonan sus estudios escolares —algo que el gran bailarín sí tuvo que hacer— y esto es condición excluyente para formar parte del mismo.