Cuando se ingresa en el terreno de la salud pública resulta inadmisible permitir concesiones que la pongan en riesgo. El gobierno ha sido bien claro en cuanto a cuál es su posición frente al flagelo del tabaquismo. La mejor simplificación de su postura está expuesta en la fachada del Ministerio de Salud Pública, para que todas las personas la lean: el tabaco mata. Y mata nada menos que a más de cinco mil personas por año, afectando a muchísimas más.
El daño alcanza también a las personas que sin ser fumadores respiran aire contaminado con humo de cigarrillos, algo hasta ahora muy frecuente en todos los ambientes cerrados.
Combatir esta adicción tan perniciosa exige una firme voluntad para atacar las bases culturales que sostienen el mal en la conciencia de la sociedad. A medida que las personas perciban esa situación como un serio peligro, cada vez que lo detecten a su alrededor en la mayoría de los ámbitos cotidianos en los cuales transcurren sus vidas, se defenderán de él. Por su parte las autoridades deben dar rápidamente los pasos complementarios a la aprobación de los recientes decretos antitabaquismo, asegurando la integridad física de las personas.
Como bien señala Carlos Maggi en su página, resulta llamativo e inaceptable el silencio de la central obrera uruguaya ante las condiciones laborales de alto riesgo que padecen los trabajadores de un sinnúmero de empresas, por aire contaminado con humo de la combustión del tabaco. Si es indiscutible que el tabaco mata y existe una reglamentación muy clara al respecto, ¿qué espera el Pit-Cnt para defender a sus agremiados?