La búsqueda incesante y humana de la perfección

| Interpretarán el pax de deux de "Coppelia", "Giselle" y "El Lago de los Cisnes" y "Apolo y sus tías"

ENCUENTRO. Riccetto y Urlezaga vuelven a compatir el escenario del Solís y a derrochar talento. 200x140
ENCUENTRO. Riccetto y Urlezaga vuelven a compatir el escenario del Solís y a derrochar talento.

fernando manfredi

Es una gran figura del ballet internacional. Indiscutiblemente talentoso y dotado de un físico privilegiado, capaz de encarnar a los arquetipos del ballet clásico, Iñaki Urlezaga concita las expectativas del público donde se presente. El notable bailarín argentino estará en el Teatro Solís junto a la uruguaya María Noel Riccetto hoy a partir de las 21 horas y mañana a las 18 horas.

Solista, pero también figura excluyente de Ballet Concierto, su propio conjunto demuestra en su conversación tener muy claras ideas acerca de la actual coyuntura por la que pasa su arte y que es lo que desea hacer.

—¿Cómo aborda esta nueva incursión ante el público uruguayo?

—Con expectativas. Ya el año pasado cuando actuamos también con María Noel Riccetto en el mismo escenario se obtuvo una respuesta excelente que esperemos se reitere ahora.

—¿Cómo es trabajar con María Noel Riccetto?

—Notable, es una profesional muy consciente de su trabajo, pero a la vez es posible bailar con ella sin presiones, lo que hace que ambos lo disfrutemos mucho.

María Noel Riccetto tiene 25 años y vive en Estados Unidos desde los 18 gracias una beca de perfeccionamiento que signó su carrera. Tiene como Iñaki la virtud de la serenidad y se nota aunque disfruta del orgullo que genera en sus compatriotas su participación en el American Ballet Theatre, que lo suyo es el perfil bajo.

—Para mí la experiencia del año pasado fue todo un desafío, fíjate que hasta tres días antes del espectáculo no nos conocíamos. Sin embargo fue todo un placer trabajar con él y compartir una función que resultó plenamente satisfactoria.

La crítica especializada elogia al bailarín platense por su virtuosismo técnico y una presencia escénica que indudablemente deleita al público con su vibrante variación de jeté tournant, tours en l’air y cabriolés y la prodigiosa trasmisión de los sentimientos que padecen los personajes que interpreta.

—"El Corsario", "Don Quijote", "La Bayadera", son títulos de gran exigencia física. El que sean habituales en su repertorio ¿es una coincidencia o una elección consciente?

—Es para lo que fui formado. Con el tiempo uno va ampliando lo que inicialmente aprendió. El escenario da ese tipo de maduración que permite un permanente crecimiento. Pero estoy decidido a no perder esas características que definen mi trabajo.

—Mucho se habla de etapas, se tiene la impresión de que en la etapa actual el ballet clásico parece haber llegado a un punto de crisis enfrentando propuestas más actualizadas y técnicas más libres ¿juzga que esto es así?

—No tengo esa impresión, el ballet clásico siempre será la fuente de la cual todos bebemos, su técnica es siempre la base de todo y en ese sentido no creo que pierda vigencia. Lo que sucede es que no se emplean muchas coreografías nuevas y eso disminuye el factor sorpresa, por lo que tanto a nivel de los bailarines como del público se buscan diferentes opciones.

Partenaire en la ocasión de Urlezaga, María Noel Riccetto se ha convertido por la fuerza de las circunstancias en habitante de un Nueva York que recién empieza a conocer, puesto que su trabajo incesante no le deja mucho tiempo. Su integración al American Ballet Theatre ha significado ingresar en un nivel de exigencia más que comprometido.

—¿Qué sucede en la actualidad con la carrera de María Noel Riccetto?

—Muchas actuaciones y viajes con el conjunto. Cada año significa un paso adelante en mi carrera con nuevos desafíos, así se trate de nuevas propuestas como de papeles que ya he interpretado.

—¿Tiene muchas exigencias el trabajar en el "carril de alta velocidad"?

—Por supuesto, forma parte de lo esperado, son cinco o seis días a la semana, habitualmente de 10 a 19 horas, con días de doble función durante la temporada de ballet. Fíjate que en día de función se trabaja hasta las 17 y 30 y ya a las 20 comienza el espectáculo.

Iñaki Urlezaga y María Noel Riccetto vuelven a formar pareja una vez más en el escenario del Teatro Solís. Es todo un lujo para los montevideanos el contar con dos talentosos jóvenes artistas en el mejor momento de su carrera.

—¿Qué es lo que presentarán en esta oportunidad?

—Se ha estructurado un programa en dos partes: una clásica y otra más contemporánea. En la primera tendremos los "pax de deux" de Coppelia, Giselle y El Lago de los Cisnes y en la segunda una suerte de ballet teatro compuesto por Oscar Araiz denominado Apolo y sus tías, que ironiza sobre todos los clichés del ballet clásico, es decir de todos los lugares comunes de mi profesión.

La crítica recibió de muy buen grado esta sátira que conocerán ahora los uruguayos y que en cierto sentido es también una autoparodia en la cual el bailarín platense se pone en la piel de un joven de Temperley criado por siete solteronas en una forma de arremeter contra las convenciones que rigen el arte desde hace siglos.

—¿Cómo ha quedado su relación con el Royal Ballet?

—Es buena puesto que yo me autoexcluí del grupo por voluntad propia. Pero fueron 12 años y eso pesa; esta fue la primera temporada en que no he realizado algo con ellos. El vínculo con la compañía continúa vigente. La desvinculación surge por la posibilidad de elegir lo que uno quiere hacer.

—Lo que nos lleva a su propio conjunto, el Ballet Concierto.

—En efecto, es un proyecto que me apasiona porque me permite devolver algo a la sociedad. Se ha convertido en un semillero de figuras, una oportunidad para los colegas más jóvenes.

La compañía Ballet Concierto fue creada en 1998. Está integrada por bailarines profesionales y jóvenes talentos, elegidos por Urlezaga y formados en el seno del grupo. Anualmente realizan junto a Urlezaga diferentes giras y espectáculos por Argentina y el exterior del país. La dirección artística del Ballet Concierto está a cargo de las maestras Esmeralda Agoglia y Lilián Giovine, que es tía del bailarín.

Una carrera contra viento y marea

Iñaki Urlezaga es tal vez uno de los bailarines que más trabaja su cuerpo para alcanzar el máximo rendimiento. Se sabe que además de la cantidad de horas que baila, asiste regularmente al kinesiólogo y es fanático del sistema de musculación Pilates. Pero también se caracteriza por cultivar la sencillez y la llaneza en el trato y es válido remarcar este punto porque el artista visitante ingresó al Royal Ballet de Londres con apenas 18 años.

En la realidad continúa siendo a los 28 años el muchacho platense que no se deja encandilar por los elogios porque sabe que detrás de cada salto espectacular hay una enorme dosis de trabajo y sacrificio. También se necesita tenacidad para enfrentar diferencias físicas notorias y sacar el mejor partido de ellas: es muy alto y por cierto se aparta de la media ideal. Su notable capacidad hace que sobre la escena sea todo lo contrario a su estatura, es decir rápido, energético, parece asombrosamente liviano y sus giros son rápidos y controlados.

Su alejamiento del Royal Ballet no significó otra cosa que su crecimiento como figura a nivel internacional, así colabora regularmente con el World Ballet Festival de Japón, el ballet del teatro Kirov de San Petersburgo, el ballet del Teatro Bolshoi de Moscú o el del Teatro Alla Scalla de Milán.

Se nota que Iñaki es un apasionado de su trabajo y que disfruta de la adrenalina que descarga antes de subirse al escenario. Es imposible no sentirse contagiado de su entusiasmo por el ballet.

Cordial y mundano, no reniega de la repercusión que tiene a nivel mediático. Sabe que esa notoriedad ha servido para acercar muchas vocaciones a la danza y convocar a un público cautivado por sus plásticas y asombrosas evoluciones escénicas.

El New York Times lo definió como un príncipe, pero él ajeno a los privilegios de la nobleza en el arte baletístico, parece más interesado en la constante búsqueda de la perfección humana y artística que por una momentánea corona.

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