Tarso Genro, de 58 años, afronta un tremendo desafío por encargo de Lula. Era el ministro más popular del gabinete (Educación), y fue trasladado al cargo de presidente del Partido de los Trabajadores (PT) desde comienzos de julio. Allí debe limpiar la imagen de un partido seriamente golpeado por la corrupción.
—El prestigio del PT está seriamente cuestionado. ¿Y el del presidente de la República?
—El prestigio del presidente continúa alto. Hasta ahora no se ha visto afectado.
—¿Debería presentarse a la reelección en las presidenciales de 2006?
—Creo que tiene que esperar a discutir esta cuestión a final del año.
—En su condición de presidente del PT, ¿cómo explica al mundo que su partido no es un partido corrupto?
—El PT no es un partido corrupto. Es un partido que tiene, como todas las comunidades organizadas, lo bueno y lo malo de la sociedad. Tiene que mostrar de cara al futuro que tendrá controles más duros ante estos comportamientos. Así demostrará que no es un partido corrupto. Esto no está en nuestro origen ni pertenece a nuestra cultura.
—Cuesta creer que ni el presidente de la República ni los dirigentes del partido supieran nada de la corrupción.
—Yo no integraba la comisión ejecutiva del partido. Los miembros que eran de esta comisión y que siguen en ella juran que no sabían nada. Que se formó una estructura de financiación paralela con el señor Delubio Soares (tesorero del PT y sobre quien recaen las principales acusaciones), que asumió y reconoció esta responsabilidad.
—¿Usted cree que Soares, actuó solo, sin respaldo ni conocimiento de ningún miembro de la anterior comisión ejecutiva?
—No me gustaría dar una opinión, pero creo que solo jamás habría podido montar una estructura como aquella.
—¿Es posible creer que el presidente de la República no sabía nada?
—El presidente no sabía de esa estructura paralela de financiación. De haberlo sabido, lo habría impedido. En mi opinión, no sabía.