Del primer mundo al tercero

Jorge Savia

Nacional viajó del primer mundo al tercero sin escalas. Y cuando llegó, presentó un pasaporte de queja —o bronca— por tener que jugar a las 48 horas de haber arribado a Carrasco.

El ritmo que terminó imponiendo después, sobre todo cuando plasmó la goleada en la segunda etapa, no deja de ser una condena para lo que desde tiendas tricolores se habló antes. Porque si es cierto que el fútbol uruguayo se ha vuelto el rey de las excusas, a este tren no hay dudas que va camino de convertirse en el rey de las preexcusas. De las justificaciones por las dudas, elaboradas como esas prepizzas a las que no hay que ponerles ni la salsa.

Con Plaza, que igual cumplió un papel digno, pero que practica —porque no le ceden el Campus— en una cancha dura y poceada que le impide habituarse a jugar con las revoluciones que impuso el cuadro de Lasarte, aún llegando desde Europa de mañana, un equipo como Nacional debería jugar de tarde sin decir ni una palabra. Sería una saludable señal de querer acercarse al primer mundo del que vino y no de ser parte del tercero en el que —económica y deportivamente— está sumido el fútbol uruguayo.

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