Nacional arrancó a todo ritmo y goleó a Plaza

| El bolso fue un equipo y ganó sin necesidad de tener que esperar la jugada salvadora de una estrella

El Lucho Romero ccon una impecable definición de cabeza.
Lucho Romero con una impecable definición de cabeza.

EDWARD PIÑON

Con un equipo que jugó como tal, sin la dependencia de una estrella rutilante que por sí sola se encargara de empujar el carro hacia adelante, Nacional arrancó a toda velocidad en el Torneo Apertura al golear a Plaza Colonia en el Parque Central.

La victoria se cimentó en el esfuerzo colectivo, en la dinámica de su mediocampo y hasta en la obsesiva actitud de varios de sus hombres por lograr que la progresión en el campo se efectuara siempre con la pelota al ras del césped.

Aunque la diferencia y hasta la victoria pudo consolidarse luego de que la visita sufriera la expulsión de su buen mediocampista Ignacio Medina, desconocer que el ritmo que impuso el tricolor por momentos fue demoledor es como haber visto el partido de espaldas.

Nacional fue, a no dudarlo, el justo vencedor. Tuvo más y mejores oportunidades para convertir y esas ocasiones las dispuso a lo largo de los 90 minutos, sin importar como se encontraba el marcador en ese momento.

Porque si bien es cierto que el equipo de Martín Lasarte acusó el impacto del empate logrado por José Carini, al punto tal de sacudirse las estructuras tricolores por algunos minutos, hay que remarcar que eso sucedió porque la igualdad llegó después que los bolsos desperdiciaran tres oportunidades muy claras como para liquidar el pleito.

Además, antes de ese gol y después de ese pequeño período de nerviosismo, Nacional fue superior en volumen de juego, en llegadas de riesgo sobre el arco rival y hasta en capacidad de manejo de la pelota a velocidad.

Fue como si el periplo europeo, infructuoso en lo que a resultados deportivos se refiere (con la excepción del clásico), le hubiera dejado a Nacional un estilo nuevo. Porque nadie puede negar que lució más compacto, más veloz, más colectivo. No había por qué esperar la jugada salvadora de un determinado jugador, solo era cuestión de esperar la combinación más certera, de mayor velocidad y sorpresa para vulnerar la resistencia del rival.

Entonces, aunque Plaza tuvo su momento de esplendor, cuando Aliberti sorprendió por la izquierda y lo dejó de cara al gol a Carini, quien por otra parte no perdonó, jamás apareció en el Parque Central la sensación de que la tarde se podía complicar para el tricolor.

Y al final terminó siendo una jornada tan compacta y completa como la del rendimiento de la oncena, porque justo ayer volvió a convertir Luis Romero. Por lo que el hincha quedó doblemente feliz.

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