SHARON WAXMAN | NEW YORK TIMES
A simple vista, ningún proyecto de Hollywood podría ser más fácil que El código Da Vinci, una película que se comenzó a filmar en Europa basada en el fenómeno editorial de Dan Brown.
Todos los ingredientes están ahí: un best-seller literario (36 millones de ejemplares vendidos), un equipo ganador del Oscar, el guionista Akiva Goldsman y el director Ron Howard, y un perenne candidato a la estatuilla dorada, Tom Hanks, como protagonista, interpretando el papel del profesor de Harvard Robert Langdon. Sony Pictures, el estudio responsable, podría estar en el camino hacia la envidiable posición de tener entre sus manos un proyecto de ensueño: una franquicia orientada hacia un cautivo público adulto y con mucho potencial para continuaciones.
Pero la película, planificada para ser estrenada en mayo próximo, se perfila como un complicado ejercicio cinematográfico. Tanto, que Sony ha puesto un manto de secreto sobre el asunto y se niega a informar más allá de los detalles más elementales. El guión ha sido controlado muy estrictamente y se le ha prohibido la presencia en el plató a cualquiera que no pertenezca al equipo de filmación. También se han firmado contratos de confidencialidad con todos los asociados a la producción de la película.
"No hay una agenda secreta. Todo esto es porque el libro es muy conocido", dijo Geoffrey Ammer, presidente de marketing de Sony, explicando el deliberado bajo perfil. "El equipo tiene un trabajo por hacer y es más fácil para todos si solo hay que concentrarse solamente en eso, en el trabajo". Pero hay ejecutivos y otros conectados al proyecto que reconocen que el silencio es también una muestra de la preocupación por la incendiaria naturaleza de la temática tratada.
¿LIMITES? La novela —de ficción— apunta sus baterías contra un dogma central de la fe cristiana y sostiene que Jesús tuvo un hijo con María Magdalena, destinado a ser el verdadero heredero de Jesús. La novela también afirma que hubo una gigantesca operación de encubrimiento por parte de la Iglesia Católica que, de acuerdo a la trama del libro, usurpó el lugar de María Magdalena y lo sustituyó por una jerarquía patriarcal que suprimió lo que Brown denomina "la feminidad sagrada".
Incluso antes de que comenzara el proceso de producción de la película, los productores Brian Grazer y John Calley ya habían recibido cartas de grupos como la Liga Católica y el Opus Dei, expresando preocupaciones. La Liga Católica pidió que Howard incluyera un cartel donde renunciara a toda responsabilidad por las afirmaciones hechas en la película y que se explicitara que se trata de una obra de ficción. El Opus Dei, un conservador grupo católico, está particularmente preocupado por cómo es retratado en la película, ya que es el villano central. "La novela retrata al Opus Dei de una manera completamente inexacta; si la película hace lo mismo, nos preocupa", sostuvo Brian Finnerty, portavoz del Opus Dei.
Algunos de los representantes del estudio han consultado a diversos especialistas en catolicismo, para ver de qué manera se podría alterar la trama del libro para no ofender a los devotos. Uno de los resultados de las consultas fue que se le pidió a Sony Pictures que considerara introducir un elemento de ambigüedad en la premisa central —que Jesús tuvo un hijo con María Magdalena— y que omitiera toda mención al Opus Dei.
"La pregunta que me hicieron fue: ‘¿Puedes encontrar algo para cambiar y de esa manera no ofender a la parte cristiana de la audiencia?’", dijo Barbara Nicolosi, directora de Act One, una organización que asesora a cristianos que desarrollan su trayectoria en Hollywood. Nicolosi afirma que fue contactada por Jonathan Bock, un experto en marketing contratado por Sony por su conocimiento y sensibilidad cristiana. También participó de las charlas Amy Welborn, quien ha publicado un libro que refuta las afirmaciones de El código Da Vinci llamado Decodificando a Da Vinci. "Sugerimos que se hiciera más ambigua la afirmación que Jesús tuvo un hijo con María Magdalena, que no se mencionara al Opus Dei y que se corrigieran algunos errores en la descripciones del libro sobre los elementos religiosos en el arte". Por su parte, Welborn dijo que "si el guión tomara en cuenta esas recomendaciones y suavizara las firmes opiniones del libro, eso podría resultar satisfactorio". Bock, en tanto, se negó a hacer declaraciones.
Si Goldsman, el guionista, decidió cambiar el libreto a raíz de estas sugerencias no está claro, aunque el estudio ha insinuado públicamente que la película es un "thriller" que le resta importancia a la temática religiosa. Pero cambiar la trama de una novela exitosa tiene sus peligros, ya que arriesga a alienar la base de fanáticos con la que la película cuenta de antemano, esos millones de personas en todo el mundo que compraron el libro de Brown y han hecho de él —según afirman algunos— el más exitoso en la historia luego de la Biblia (la agente de Brown, Heidi Lange, dijo que se han impreso 36 millones de ejemplares de la novela).
"No hay manera de omitir el punto central de la novela, que Jesús se casó con María Magdalena y que la Iglesia Católica ha hecho todo lo que está en su poder —incluido matar a millones de personas— para encubrirlo", afirmó Carl E. Olson, coautor de El engaño Da Vinci, otro libro que refuta a El código Da Vinci. Olson aventuró que muchos devotos se sentirán ofendidos "a no ser que hagan una película que solo guarda una pálida similitud con el libro, lo que a su vez irritaría a millones de seguidores de la novela".
El presidente de marketing de Sony, Ammer, dijo que el estudio se mantendrá fiel a la fuente. "Mi mayor preocupación es hacer una película entretenida, y que sea lo más fiel posible al libro. No se trata de un grupo en particular sino del encanto masivo que tiene el libro. Cuando uno termina de leer un buen libro, uno dice ‘ojalá la película no lo arruine’."
Para el productor Calley, que fue un directivo de Sony antes de dedicarse a la producción, la película es "conservadoramente anti-católica", en vez de "destructivamente anticatólica". "Lean el libro. Hay clérigos malos. Pero también los hay buenos". Como el libro, expresó Calley, la película puede ser una herramienta para discutir sobre los orígenes de la religión y desafiar supuestos básicos, algo que ve con buenos ojos. "En nuestra sociedad, como en muchas otras, crecemos con la religión que nos legan nuestros padres, pero rara vez nos metemos a fondo en el tema y apreciamos el contexto histórico y las sutilezas. Lo más increíble de este libro es que provoca. ¿Es cierto? ¿Es todo mentira? Como libro de historia, es extraordinario. Y como la exploración de la evolución de una particular corriente religiosa, también".
Calley estaba justo abandonando el puesto de presidente de Sony Pictures cuando aseguró los derechos del libro, hace dos años. A través de la amistad que Calley tenía con el abogado del escritor para quedarse con los derechos de adaptación a cambio de un cheque que podría ser superior a los cinco millones de dólares una vez que la película se estrene.
Buscando un camino intermedio en este intrincado juego de diversos intereses, Sony ha optado por no decir nada, al menos hasta ahora. Y hay señales que el estudio no ha descartado tratar de atraer al mismo público religioso que hizo de La Pasión de Cristo, de Mel Gibson, un éxito tan rotundo. Nicolosi recuerda las charlas de consultas: "Hablaban de los ‘Dólares de La Pasión’, de tratar de hacerse de ellos. Están equivocados. Es sacrilegio. Piensan que van a aprovecharse de la ola creada por La Pasión de Cristo para esta película".
(Traducción Fabián Muro)