LIMA
El presidente peruano, Alejandro Toledo, está en problemas. La grave crisis ministerial que atraviesa su gobierno, originada por el polémico nombramiento como canciller de un aliado político, ha generado una ruptura en la alianza política que lo sustenta, y una caída record de su popularidad.
El detonante de la crisis fue la designación como canciller, el jueves, de Fernando Olivera, líder del Frente Independiente Moralizador (FIM), a la que siguieron como protesta las renuncias presentadas por el jefe del gabinete, Carlos Ferrero, y el ministro de Vivienda y Construcción, Carlos Bruce.
Olivera había discrepado públicamente en los últimos días con varios ministros por su apoyo a la legalización de los cultivos de hoja de coca en una región del sudeste del país.
El sábado Olivera anunció su renunciaba al cargo de canciller, en que duró dos días, afirmando que había sido víctima de un "asesinato político" promovido por Ferrero.
Es que en Perú cuando el jefe del gabinete renuncia, todos los ministros deben renunciar.
Y el presidente, mientras intenta reestructurar su gabinete desarmado, vio caer su popularidad del ínfimo 16% que tenía antes de la crisis, a 8%, según una encuesta realizada publicada ayer por el diario El Comercio. El 51% de los peruanos lo considera responsable de la crisis.
Es el punto más bajo de popularidad que ha tenido Toledo en sus cuatro años de mandato, y a once meses para concluir su gestión y de que tengan lugar elecciones presidenciales. AP y AFP