Valeria conoció a Arturo Del Campo hace 15 años. Los presentó una pareja de amigos. En la primera cita fueron los cuatro a cenar a Dackel. Después siguieron saliendo y Valeria reconoce que se fue enamorando a medida que fue conociéndolo más. Estuvieron dos años de novios y se casaron.
No era nada futbolera. Era hincha de Nacional por tradición, pero nunca había ido al estadio. De buenas a primeras se encontró yendo a ver a Danubio todos los fines de semana. "Me hice hincha a muerte y descubrí lo que era la pasión por el fútbol. Comencé a ver cosas insólitas que no dejaban de sorprenderme y me divertía mucho".
Hoy la pareja tiene dos hijos, Mateo y Josefina. Valeria describe a su esposo como un muy buen padre. "Se ocupa mucho de los hijos y juega mucho con ellos. Es muy cariñoso y hace los deberes con Mateo (9 años), sobre todo los de matemáticas. También se ocupa de la beba cuando llora de noche".
A Del Campo no le gusta regalar flores porque las asocia con la muerte, pero no por eso deja de ser romántico. "Es de regalar chocolates y joyas". Antes de tener los hijos iban mucho a bailar, pero ahora no salen mucho. "Vamos a cenar o al cine y cuando podemos nos escapamos un fin de semana a Buenos Aires".