Amor con espectáculo

Con El tigre y el dragón, el taiwanés Ang Lee había inventado un subgénero dentro de la tradición oriental de cine de artes marciales, provocando el enojo de los aficionados más ortodoxos al género, quienes afirmaron que colocar la primera escena de acción recién a los quince minutos de comenzada la película constituía una especie de traición. De lo que se trataba (y se trata también en esta Casa de las dagas voladoras) es de "dignificar" a ese cine, apuntando a cierta ambición dramática en el diseño de los personajes y un refinamiento visual infrecuente en sus ejemplos comunes.

El director chino Zhang Yimou, quien antes hiciera un cine más crítico con respecto a la sociedad pasada y presente de su país (Ju Dou, Esposas y concubinas, Qiu Ju, una mujer china) pero luego parece haber sido obligado a "marcar el paso" de una producción más conformista, había incursionado en esa variante "culta" del género cuando hizo su previa Héroe, que al igual que La casa de las dagas voladoras ubica su acción en la antigua China, tiene que ver con intrigas y luchas por el poder, e inscribe una historia de amor en medio de sus despliegues de acción y sus esmeros fotográficos.

La historia tiene que ver con dos policías (Takeshi Kaneshiro, Andy Lau) comisionados para desbaratar una sociedad secreta rebelde, las Dagas Voladoras del título. Uno de ellos logrará establecer contacto con una joven y hermosa integrante del grupo (Zhang Ziyi) y emprenderá con ella un viaje hasta el escondite de los rebeldes. Durante ese tránsito enfrentará varios peligros externos (entre ellos, el ataque de otros guardias que no saben que el hombre es uno de los suyos), y se producirá una derivación no del todo imprevisible: enamorarse de la joven a la que, se supone, debe traicionar. Las cosas se complican aún más porque hay otro personaje que no es lo que parece, y que se convierte en el tercer vértice de un triángulo amoroso de difícil resolución.

El resultado es un considerable logro con algunos peros. Es realmente muy eficaz en todo lo que tiene que ver con el envoltorio exterior, los despliegues de violencia imaginativamente coreografiados (hay que repetir el inevitable clisé al respecto sobre el cine oriental) con la precisión de un ballet, el esmero de composición de la imagen que explota adecuadamente la hermosura de su paisaje de campos y bosques, recordando que el director Zhang Yimou fue antes un excelente fotógrafo. Esas virtudes alcanzan y sobran para proporcionar un espectáculo suntuoso y eficaz, una especie de ‘western’ (o más estrictamente ‘eastern’) que llena el ojo con acción, movimiento y hermosura de formas y colores. Una lujosa matinée para adultos que vale la pena ver en cine y no en video o DVD, en especial por lo que hace con la pantalla ancha: allí hay virtudes muy nítidas que se pierden (o por lo menos se atenúan) en el pequeño cuadro del televisor.

Funciona menos como drama, sin embargo. Entre sablazos, patadas voladoras y otras manifestaciones de las artes marciales, los guionistas parecen algunas dificultades para desarrollar adecuadamente su triángulo amoroso. Los giros de la anécdota, que quieren ser originales y sorprendentes, resultan más bien caprichosos vuelcos de melodrama, y sobre todo al final la película parece tomarse más en serio de lo debido. El espectador no llega a tanto: puede contemplar con curiosidad, admiración y hasta asombro las acrobacias de los personajes, el camarógrafo y los muy eficientes técnicos en efectos visuales, dero dífícilmente se identifique con los destinos individuales de sus agonistas. La aventura y el espectáculo rozan con frecuencia el esplendor, pero la emoción humana demora más en acudir a la cita.

critica | guillermo zapiola

LA CASA DE LAS DAGAS VOLADORAS

Shi mian mai fu

Director. Zhang Yimou.

Libreto. Zhang Yimou, Wang Bin, Li Feng.

Fotografía. Zhao Xiaoding.

Montaje. Cheng Long.

Música. Shigeru Umebayashi.

Dirección artística. Han Zhong.

Vestuario. Wada Emi.

Productores. William Kong, Zhang Weiping,

Zhang Yimou, Zhang Zhenyan.

Elenco. Takeshi Kaneshiro, Andy Lau,

Zhang Ziyi, Song Dandan.

l China 2004.

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