La pena capital según un clásico

Desde que Imilce Viñas optó por dedicarse de lleno a dirigir teatro, ha recurrido a textos consagrados, a los que en la mayor parte de los casos hizo lucir en el escenario, si no dándoles una nueva lectura, sí poniéndolos en escena con criterio y carácter. Y quizá junto a su versión de El tío Vania de Chejov que llevó adelante en 2001 en la sala mayor de la Alianza Uruguay-Estados Unidos, este drama norteamericano es su logro más claro en ese rubro.

Doce hombres en pugna, de Reginald Rose, ofrece los elementos necesarios para tener al público en vilo. Golpes de efecto, debate de ideas, choque de personalidades, giros en la trama, violencia física, ribetes de policial y un final conmovedor. Todo equilibrado y sustentado con una anécdota redonda: un jurado se reúne prácticamente dispuesto a aplicar la pena capital a un muchacho, y uno a uno sus integrantes revierten la idea, hasta declararlo inocente.

Seguramente en este caso contar el final no fue una imprudencia. No sólo porque el grueso de la gente conoce esta historia —ubicada en Nueva York en 1954— sino porque el fallo, aunque cierra felizmente las acciones, dista de ser el centro del asunto. Quizá más importante que absolver al reo, o que demostrar su culpabilidad o inocencia, es medir el peso humano de doce personas, desde sus respectivas individualidades, ante la vida del prójimo, casi un desconocido.

VERSION. Fiel al espíritu de los años 50, cuando esta obra se difundió a través del cine y el teatro, la directora ubica la ficción en un cruce interesante que recrea moderadamente el ambiente de época, pero sin intentar subrayarlo. Esa intención es compartida con el escenógrafo, que da una pátina azulada al sencillo decorado, que encierra la Sala Uno del Circular para multiplicar el clima de agobio requerido. Los elementos metálicos acentúan el tono frío, que tiene su correlato en los diálogos rápidos y cortantes.

Preguntas y respuestas veloces van armando un mecanismo de precisión, donde la psicología de grupo interactúa con las características individuales de cada personalidad. El viejo reconciliador, el corpulento prepotente, el que es todo intuición y el que busca resolver las situaciones por medio de la razón. Un menú de tipologías, de personas de distintos niveles sociales, culturas y oficios, se abre ante un público que siente que contempla por el ojo de la cerradura un largo debate que ocurre a puerta cerrada.

En esa docena de personajes no hay ninguno secundario, y el elenco encara semejante variedad. Alejandro Camino hace uso de su simpatía, Adhemar Rubbo de su sentido humano, Gustavo Antúnez de su frialdad. Sobresale Emilio Pigot, cuyo papel le exige remar contra todas las voluntades para ir convenciendo en distintos terrenos a cada uno de sus opositores. Mientras, un reloj, en tiempo real, marca la duración de este enfrentamiento (una hora y veinte minutos), que transita por temas jurídicos y psicológicos, humanizando el debate sobre la pena de muerte, a la vez que hurga en el fuero íntimo de cada ciudadano.

Montevideo conoció en 1957 la primera versión cinematográfica en el cine Censa, dirigida por Sidney Lumet y protagonizada por Henry Fonda y Lee J. Cobb. Y su vigencia fue puesta a prueba en 1997, con Jack Lemmon y George C. Scott dirigidos por William Friedkin. Entre esas dos versiones, la escena local la representó un par de veces. La primera, en 1961 en el Nuevo Teatro Circular (Convención y 18 de Julio) dirigida por Carlos Muñoz y protagonizada por Ricardo Márquez. La segunda, en Casa del Teatro en 1984, en plena apertura política, bajo dirección de Cesar Charlone Ortega, quien más de 20 años atrás había sido el traductor de la versión de Muñoz. Ahora, otras circunstancias políticas y sociales constatan la vigencia de este drama que el tiempo convirtió en un clásico.

critica | CARLOS REYES

DOCE HOMBRES EN PUGNA

Autor. Reginald Rose

Director. Imilce Viñas

Escenografía. Claudio Goeckler

Vestuario. Felipe Maqueira

Luces. Hugo Leao

Música. Ignacio Novo y Gonzalo Quinteros.

Elenco. Emilio Pigot, Adhemar Rubbo,

Alejandro Camino, Luis Lage, Jorge Muniz

y Gustavo Antúnez, entre otros.

Sala. Circular.

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