Mayor dinamismo y cambio en los destinos de exportación de carnes

| Al 23 de julio el sector cárnico suma U$S 465 millones de exportaciones, más de una cuarta parte del total nacional

CONSULTORA SERAGRO

Nos hemos referido reiteradamente al favorable panorama que se le presenta a la ganadería uruguaya, apoyado en las excelentes perspectivas del mercado cárnico. La gran performance exportadora del sector así lo demuestra.

A mediano plazo, en la visión de los analistas internacionales, la demanda de carne por parte de los principales centros mundiales seguirá siendo firme, y los precios seguirán sostenidos. Y en la situación particular de nuestro país, que hoy coloca la mayor parte de su producción en EE.UU., pero tiene muy buenas posibilidades de ampliar sus ventas a otros mercados sumamente atractivos a corto plazo, el destino exportador cárnico asume cada vez mayor importancia.

En esta oportunidad, además de actualizar los datos globales, vamos a mirar con mayor detenimiento los cambios registrados en los destinos de nuestras exportaciones.

LOS QUE CRECEN. Estados Unidos desde que reanudó sus compras, a mediados de 2003, se convirtió en el gran animador del mercado, el destino principal, que absorbe la mayor parte de nuestra carne, y el gran responsable de la tonificación de los precios, que desplazó a todos los competidores. El desvío de comercio que se produjo en este caso se basa en genuinas razones de mercado: EE.UU. es el que paga mejor nuestros productos, y compra todo lo que se le ofrece. Este año consolidó esa posición dominante, y a esta altura lleva adquirido el 77% de los volúmenes, que representan casi el 70% de los dólares totales recaudados.

Sin embargo, a pesar de la fluidez y las buenas condiciones operativas para vender a ese país, siempre es un riesgo tener un comprador tan predominante, lo que hace deseable la diversificación de mercados de destino.

RUSIA. La Federación Rusa —como se denomina más precisamente ese inmenso país—, va en vías de constituirse en la gran revelación del mercado cárnico, tal cual lo anticipaban hace unos meses algunos exportadores e industriales compatriotas.

En lo que va del año lleva adquiridas 4,2 mil toneladas de carne bovina equivalente carcasa, por un valor del orden de los 4,3 millones de dólares. Los datos al 23 de julio muestran embarques equivalentes a 1.130 toneladas carcasa, que representan un 4,4 % del total, por un monto de más de U$S 1,2 millones.

Pero además consume mucha carne equina: al 30 de junio (último dato publicado), había comprado por valor de 2,3 millones. También registra compras de carne ovina y menudencias, que, sumados a los productos principales determinaban un monto total al cierre del 1er semestre superior a los U$S 6,2 millones, pero que viene creciendo rápidamente.

Rusia asigna licencias a sus importadores, que eligen a sus proveedores. Las partidas dentro de las que estamos exportando pertenecen al contingente asignado a otros países, que tiene un volumen de 70 mil toneladas al que acceden distintos proveedores. En este mercado no estamos solos: tenemos la competencia regional, y tanto Brasil como Argentina tienen en la Federación Rusa su principal comprador en estos momentos.

De cualquier modo, algunos productos pueden colocarse rentablemente. Se trata en general de productos de bajo valor, pero que también interesan, porque contribuyen a valorizar la res en su totalidad. En recientes operaciones consultadas, los trimmings para industria se colocan a U$S 1,660 la tonelada, y figuran algunos negocios de menor volumen por cortes de la rueda, y también delantero, a más de U$S 2.200 la tonelada.

LOS QUE SE MANTIENEN. Y hasta suben algo, como la Unión Europea, que aumentó de U$S 58 a 63 millones sus compras en lo que va del año, fundamentalmente por aumento de precios promedio de sus embarques. Como el total de las ventas aumentó más, la participación de la UE bajó en ese total de 17,3 a 15,6%.

La UE se vislumbra con un gran futuro; dado su faltante de carne, es probable que el año próximo tal vez esté ampliando notablemente sus cuotas de importación otorgadas al Mercosur, si tienen éxito los hasta ahora frustrados acuerdos negociados entre ambos bloques.

Repitieron compras por montos similares las Islas Canarias —que es un apéndice europeo— y el grupo de países agrupados en "otros destinos", que subió un poco. Ambos destinos suman este año en total algo menos de U$S 20 millones, poco menos del 5% del total.

También Brasil y Argentina compran cantidades y montos similares a los del año pasado, y entre ambos suman poco más de U$S 9 millones, a esta altura.

LOS QUE BAJAN. En la región Mercosur, el dato más destacado es la desaparición de Chile, que supo ser un fuerte animador de nuestras colocaciones —a esta altura de 2004, había comprado carne por cerca de U$S 10 millones—, pero que ahora prácticamente no figura en el ranking. Chile se abastece de nuestros vecinos, fundamentalmente Brasil y Paraguay.

En el Nafta, el que bajó fuerte fue Canadá, que no ha otorgado más licencias adicionales, pero que puede retornar al mercado luego del reciente reinicio de sus ventas de carne y ganado a EE.UU.

Otro que cayó en forma significativa es Israel, tradicional comprador de carne uruguaya —es en ese país el único lugar que se vende con referencia al origen—. Su participación bajó de más del 5% a menos del 2,5% en iguales períodos del año pasado y del corriente.

LOS NUEVOS. Dentro de los numerosos destinos novedosos, se destaca China, por lo que representa como potencial, no sólo para la carne vacuna, sino fundamentalmente para colocar menudencias y subproductos, así como otras carnes minoritarias, y, eventualmente, carnes diferenciadas en algún momento.

LOS QUE FALTAN. La lista no estaría completa, si no recordamos a los grandes ausentes, que en otros momentos fueron destacados compradores. Los que están más cerca serían México y los países del Caribe, y los más lejanos (en distancia y en tiempo), Japón y Corea.

Es más que probable —esperamos—, que en este mismo año, estemos reanudando las ventas a los países de América, y que incrementemos las ventas a los asiáticos de productos cocidos, en un lento retorno a la normalización de la corriente comercial interrumpida en el año 2000 por la aftosa.

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