Los uruguayos están divididos respecto a los efectos que la inversión extranjera puede tener para el país, aunque creen que la misma aumentará durante este período de gobierno. Estas opiniones se dan en un contexto donde las visiones sobre el nivel de intervención estatal en la economía parecen estar variando levemente, disminuyendo la proporción de uruguayos que, en términos económicos, son "estatistas puros".
La necesidad de mantener —y aun incrementar— el ritmo de crecimiento económico parece ser un tema sobre el que existe un acuerdo social extendido. Sin embargo, el consenso no es tan fácil de lograr cuando se discute cuáles son las formas más efectivas de crecer. En ese marco, el tema de la inversión extranjera y sus efectos aparece regularmente en la discusión pública, en un país caracterizado por una fuerte orientación hacia la participación del Estado en la economía y una orientación bastante "nacionalista" de muchos enfoques políticos. Esta nota de Equipos MORI para El País estudia las percepciones de los uruguayos sobre estos temas, donde aparecen regularidades y, también, ciertos indicios de cambio.
con lupa. La población uruguaya se encuentra dividida al momento de calificar los efectos de la inversión extranjera en el país. Si bien no sería razonable hablar de un rechazo de plano, hay una proporción importante de los electores que sugiere que esas inversiones deben ser analizadas y que de sus características dependerá su juicio.
Los datos muestran que cuatro de cada diez uruguayos (39%) consideran buena para el país a la inversión extranjera, pero que una proporción aun mayor, prácticamente la mitad de los entrevistados (49%) cree que el juicio sobre este tipo de inversiones depende de en qué se invierta y cuál es el tipo de empresa que invierte. Sólo una minoría (6%) cree que la inversión extranjera tiene efectos negativos en el país.
Lo que quizás puede considerarse más llamativo es el hecho de que, aunque hay diversos niveles de énfasis, la división de opiniones cruza a los votantes de todos los grupos políticos, y que tanto la aceptación como el condicionamiento de la inversión extranjera no pueden explicarse por la posición de los electores de un sector político en particular. La proporción de personas que cree que la inversión extranjera es buena para el país no alcanza la mayoría absoluta entre los votantes de ningún partido, y comprende casi a tantos frentistas (39%) como a nacionalistas (41%) y colorados (43%). Por otra parte, son una parte relevante de los votantes de todos los partidos quienes creen que la consideración de la inversión extranjera como buena o mala depende esencialmente de las características que asuma en cada caso: esa postura representa a la mitad de los frentistas (52%), pero también a un porcentaje similar de votantes blancos (48%) y una cantidad nada despreciable de colorados (38%), a los que se agrega además 11% que consideran este tipo de inversión "mala" para el país.
En términos generales, puede afirmarse que el estado de opinión refleja una situación que no implica rechazar la inversión extranjera pero sí, en muchos casos, la necesidad de "mirarla con lupa" para pronunciarse sobre su impacto potencial. En ese contexto, la opinión pública se muestra más bien optimista sobre el flujo de inversión extranjera hacia el país. Más de seis de cada diez electores (62%) cree que este tipo de inversiones se incrementará durante la actual administración, frente a apenas 5% que dice esperar la situación opuesta: menos inversión de este tipo para los próximos años.
En este caso, el filtro político sí aparece generando diferencias en la distribución de las opiniones. Mientras que los votantes frentistas son marcadamente optimistas (79% cree que la inversión extranjera se incrementará en el período), la visión de blancos y colorados es más matizada, aunque está lejos de ser totalmente negativa. El 49% de los nacionalistas y el 41% de los colorados creen que las inversiones de ese tipo aumentarán bajo este gobierno, una proporción que en ambos casos supera en mucho a los que creen que la inversión extranjera disminuirá durante el gobierno de izquierda, una opinión que en ningún caso llega a alcanzar siquiera a uno de cada diez votantes de esos partidos.
Inversiones y Estado. La aceptación de las inversiones extranjeras está muchas veces relacionada con la visión sobre el modelo "ideal" de organización económica para un país. Varios estudios comparativos han mostrado que los uruguayos eran de los pueblos más "estatistas" –económicamente hablando- de América Latina. Aunque ese rasgo distintivo se mantiene, hay al menos dos cuestiones que permiten matizar esa aseveración.
La primera cuestión es que el nivel de aceptación de la participación del Estado en la economía por parte de la opinión pública ha crecido en varios países del continente, probablemente como reflujo de lo que se consideran resultados poco exitosos de modelos fuertemente inclinados hacia el sector privado. Un caso típico, en este sentido, es la Argentina poscrisis.
La segunda cuestión es que, aunque levemente, la proporción de uruguayos que está a favor de una economía "puramente" o "principalmente" estatista se ha reducido en los últimos años, un movimiento que algunos podrían considerar paradojal en momentos en que, justamente, la izquierda alcanzó el gobierno.
La información histórica de opinión pública muestra que la proporción de personas que preferiría un modelo económico total o casi totalmente de empresas públicas se encuentra hoy en su punto más bajo de la década. En 1995 ese grupo representaba el 22% de la población, creció a 34% en 1998, y descendió luego a 29% en el año 2000, a 28% a fines de 2003 y representa hoy menos de la quinta parte de la población (19%).
¿Es que la opinión pública se está orientando más hacia un modelo basado fundamental o exclusivamente en empresas privadas? La respuesta categórica es: no. La proporción de quienes apoyan esa posición casi no varió en la última década, pero sí aumentó la de los que quieren una economía mixta, con empresas públicas y privadas, una postura que hoy alcanza a la mitad de la población (50%).
Economía mixta de empresas públicas y privadas y evaluación detenida "caso por caso" de la inversión extranjera parecen ser, en términos de opinión pública, la receta preferida para el "capitalismo a la uruguaya".
Capital privado en los entes
En los últimos años, también parecen surgir matices respecto a los juicios de la población sobre el modelo de propiedad más adecuado para las empresas públicas. Si bien la opinión mayoritaria continúa siendo que la propiedad del capital sea totalmente del Estado, esta postura representa ahora al 40% del electorado, una proporción entre cinco y diez puntos menor que la que se registraba años atrás. Por otra parte, quienes consideran que las empresas públicas deberían incorporar capital privado son casi la mitad, pero se dividen entre aquellos que creen que el aporte debiera ser minoritario (35%) y quienes consideran que la participación privada debiera representar la mayoría del capital.
Lo que también queda claro es que el apoyo para las privatizaciones totales es prácticamente nulo: uno de cada veinte electores (6%) creen que lo mejor sería que las actuales empresas públicas fueran totalmente privadas.