La receta de esta nueva generación de médicos incluye varias dosis de "medio y medio", guerra de harina y huevos, baños con suero y una terapia de festejo descontrolado en el Mercado del Puerto.
El objetivo: que 250 jóvenes pasen la tarde celebrando la obtención de sus diplomas en medicina, una tradición que lleva muchos años y que se cumple —juramento hipocrático mediante— los días 30 julio.
Desde el mediodía y hasta la última hora de la tarde, el Mercado del Puerto fue copado por los ahora "doctores", que cumplieron al pie de la letra con la receta mencionada.
Se vio de todo. Hubo jóvenes que se bañaron con bolsas de suero —al mejor estilo del pomo de carnaval en pleno febrero— y otros con cada botella que tenían a mano.
Algunos, por no decir la gran mayoría de los presentes, optaron por dosis intensivas de alcohol. No hubo vasos vacíos en toda la tarde.
Otros prefirieron tirar harina, huevos, improvisar cánticos alusivos al motivo celebración, y salir a comprar más paquetes de harina.
No faltó la "bomba brasilera" que levantó aún más los gritos y el ritmo del festejo en la plaza gastronómica.
"Esto siempre es un descontrol. Todos los años es igual", contó Ximena, que también se recibió ayer. Esta joven promesa de la medicina nacional intentó explicar con detalles los episodios que año a año se repiten. Pero se le entendió poco.
Uno de los flamantes profesionales caminaba con su uniforme blanco de médico llevando una botella en una mano y un cigarrillo en la otra. "Ahora somos doctores", atinó a decir.
SIN NORMAS. Al festejo se sumaron familiares, amigos, otros estudiantes muy ansiosos que esperan estar en la misma situación en años venideros. Es un clásico, una tradición que se repite de generación en generación.
Se hace cada 30 de julio, el día que los estudiantes terminan el "internado obligatorio" y se convierten en doctores. "Es como la noche de la nostalgia, pero de día y en julio", dijo uno de los presentes.
Tan tradicional se volvió, que por precaución la comisión que administra el Mercado del Puerto tomó algunas medidas. Una de ellas fue la colocación de carteles en cada una de las barras con el mensaje: "Señores doctores: No tirar harina. No tirar huevos. No cortarse el pelo". Y no sirvió de nada.
La fiesta de estos médicos violó todos los puntos de ese reglamento y muchos más.
Hasta un policía, que estaba cumpliendo sus funciones en el gran local gastronómico del puerto de Montevideo, fue incluido involuntariamente en los festejos cuando dos doctoras, completamente tapadas de harina, intentaron abrazarlo para una foto.
"Estamos de fiesta. Es como ponerle un punto final a tanto esfuerzo", comentó Fernando, ahora un profesional de la medicina, que aparecía como uno de los doctores en mejores condiciones (aunque también bien servido).
Hoy, seguramente, los doctores deberán automedicarse para atender malestares estomacales y dolores de cabeza. Será su primer intervención como profesionales de la salud, tras su fiesta de recibimiento.