Al frente de la Lincoln Center Jazz Orchestra se presentó Wynton Marsalis ante el público uruguayo en un Plaza colmado, más que por los habituales espectadores de las producciones del Centro Cultural de Música por aquellos más allegados al jazz y mucha gente joven que quería saber "como sonaba en vivo" el mítico trompetista.
No se podría precisar si el ámbito poco atractivo de la sala, que demanda una urgente puesta al día colaboró, pero la orquesta necesitó de toda la primera parte del espectáculo para entrar en calor. Por supuesto nadie en su sano juicio dejaría de reconocer la calidad técnica de una agrupación que suena tan terriblemente afinada que el oyente logra tener allí una imagen de lo imposible. Oir realmente a una big band en vivo es una experiencia alucinante y justifica por su sola presencia el porqué marcó toda una época de la música popular norteamericana.
Con un repertorio que pasó por los autores clásicos y contemporáneos (Mary Lou Williams, Ellington-Strayhorn, Benny Carter, Tad Jones o Terry Jackson entre otros) la orquesta se mantiene férreamente en la línea preferencial del swing sin discusiones. Las marcaciones rítmicas son de una precisión casi obsesiva, adscribiéndose claramente al esquema más clásico posible, esto es exposición de "improvisaciones" de cada integrante de la orquesta y del propio Marsalis y reexposición.
Con excepción de una o dos oportunidades los arreglos se mantuvieron preferencialmente en el tutti orquestal. El swing se fundamentó en un profundo conocimiento que tiene del mismo la orquesta más que en la sensación de sorpresa (que no las hubo) o en la libertad de las improvisaciones (que no lo fueron).
Masalis es un tipo inteligente, además de plantear un repertorio sin fisuras donde se podían apreciar algunas señales de apertura estilística, maneja su orquesta con la técnica del garrote y la caricia, poniendo sobre el escenario un conjunto de grandes instrumentistas muy medidos como solistas que se apoyan en un desarrollo colectivo de gran precisión . Todo esto da por resultado un swing que parece aplastar al espectador con su potencia.
Si bien la sección rítmica (contrabajo, batería y piano) tuvieron preponderancia, el conjunto melódico (trompetas, trombones y saxofones) se lució durante la mayor parte del espectáculo, lo que deja en evidencia la ductilidad de una orquesta en la que se lucieron por momentos los saxofonistas Walter Blanding y Victor Goines, el contrabajista Carlos Henriquez, estupendo ejecutante pero terrible traductor del inglés al español, el pirotécnico baterista Herlin Riley y ocasionalmente el trompetista Marcus Printup.
La segunda parte fue dedicada a los trenes. Allí el propio Marsalis quiso explicar la significación de los temas elegidos apelando a Carlos Henriquez para que explicara en español lo que el decía en inglés, afortunadamente el director lo evalúa por su desempeño como intérprete porque si lo considerara como traductor, su futuro resultaría incierto. Puede afirmarse que esta segunda parte fue totalmente a "lo Ellington", con cinco piezas firmadas por el gran pianista y Strayhorn, en las cuales el grupo demostró que en el extraño campo de los sonidos de tren el grupo logró sobrepasar cualquier frontera interpuesta.
RESULTADOS. El jazz como género particular tiene la impronta histórica de estar siempre innovando, esta necesidad no significa que esta música carezca de su propio núcleo conservador y clasicista. Ante la ausencia de otras figuras que lo parangonen, el propio Marsalis se ha convertido en líder convencido de ese grupo.
Esta banda es su proyecto y en su sonido se acerca alternativamente al swing clásico, a la atmósfera un tanto salvaje de Elligton o la elegancia indiscutible de Count Basie. La novedad de la banda está dada por la perfecta técnica de sus instrumentistas, de los cuales Marsalis es una muestra indiscutible. Si se observa con atención, Marsalis toma un poco de distancia utilizando las convenciones del jazz tradicional pero sin discusiones habla a través de ellas.
critica | fernando manfredi
LINCOLN CENTER JAZZ ORCHESTRA CON WYNTON MARSALIS
Temporada del Centro Cultural de Música.
Sala Plaza.
16 de junio de 2005.