M.A.M.
Un neozelandés de 36 años, de origen maorí y prácticamente un desconocido en la elite del golf internacional, se alzó inesperadamente con el título en el Abierto de Estados Unidos, el segundo Gran Slam del año. Michael Campbell fue el único en todo el torneo en bajar el par de la cancha, terminando con una tarjeta de 277 golpes al cabo de cuatro jornadas, tres por debajo de los 280.
En segundo lugar se ubicó Tiger Woods, que jugó en el último día mucho más agresivo de lo que lo había hecho en las tres jornadas previas y casi se pone a tiro de quien a la postre fue el vencedor. Con su juego fuerte, de tiros muy largos, Tiger fue a lo largo de los últimos 18 hoyos superando rivales hasta terminar en el segundo lugar con una tarjeta de 280 en la global y de tres bajo par en la ronda del domingo.
El gran fracaso del Abierto fue el australiano Retief Goosen, que llevó la delantera durante las tres primeras jornadas y ayer cayó estrepitosamente, con una sucesión poco creíble de bogeys. Ya en la primera vuelta de la víspera había perdido el liderazgo y con una moral hecha pedazos fue cediendo cada vez más posiciones hasta quedar demasiado atrás para quien parecía hasta el sábado ser el ganador del torneo.
Es que el golf tiene esa diferencia con cualquier otro deporte, donde a la instancia semifinal, por ejemplo, llegan los cuatro jugadores que hasta entonces habían hecho méritos para estar en la situación de privilegio. En el golf, en cambio, de poco sirve estar entre los cuatro primeros si en el último día no se mantiene el mismo nivel de juego. En cambio, un jugador que venía en puestos secundarios, puede al final del cuarto día terminar llevándose el torneo.
Eso es precisamente lo que ocurrió con Campbell. Nadie en ninguno de los tres primeros días se hubiera animado a apostar ni un peso por él. Nadie hubiese siquiera tenido la osadía de pensar en él como un posible definidor del torneo. Y sin embargo, con un cuarto día de gran juego (y en contraposición con el horrendo día de quienes iban en punta, como Goosen, Gore y Browne) el neozelandés terminó adjudicándose nada menos que el Abierto de Estados Unidos y ganándole en los últimos hoyos a Tiger Woods, que lo acechaba de cerca. Y ya se sabe que cuando Tiger viene en arremetida, cualquier golfista siente la presión y suele caer en desaciertos. Campbell, empero, mantuvo la firmeza de su juego y ganó legítimamente.
El neozelandés, hasta ahora 80º. en el ranking mundial y sin ningún torneo de elite ganado, pasará desde hoy a ser mejor considerado. Ayer mostró grandes condiciones. Ahora tendrá que demostrar que lo del Abierto no fue casualidad.