EMILIO CAZALA
Como lo informáramos en notas anteriores, está de moda visitar la Antártida y ello se ve confirmado por la enorme cantidad de barcos y viajeros que esta pasada temporada turística pasaron por nuestro puerto rumbo a las tierras gélidas del subcontinente. Sin duda con este novel y creciente flujo de viajeros, las estadísticas están en alza y todo indica que estos perfiles continuarán trepando en las próximas temporadas.
Llevando la mirada hacia otros escenarios, hoy los viajeros del mundo viven la experiencia de los grandes y lujosos barcos jamás imaginados para disfrutar a lo grande de la tecnología más avanzada que se ha creado. Pero también encuentran en esta nueva modalidad turística fantásticos escenarios de aventura y sobre todo el contacto con la naturaleza, como los viajes al Amazonas y al Orinoco y al Pantanal. Y en esta búsqueda de lo nuevo y lo diferente, la Antártida, a la que en el pasado sólo iban los exploradores y científicos, ahora es un objetivo que se está popularizando.
Comenzó hace algunos años siendo una propuesta para jóvenes inquietos y ahora surge como un destino inevitable en creciente demanda para los de mediana y tercera edad prolongando el viaje hasta en gomones. Claro, estamos hablando del borde de la Península Antártica y no de los peligrosos interiores glaciares sin pizca de tierra.
Esto lo estamos percibiendo desde Montevideo, porque es la escala previa normal o el punto de conexión operativo desde y hacia dicho destino. Otros barcos hacen la conexión desde Punta Arenas en Chile. Y en verdad desde hace unos cuatro años está aumentando el número de barcos escalando en Montevideo, rumbo a la Antártida, principalmente de bandera u origen científicos rusos o ucranianos pero ahora observamos que están apareciendo otros barcos haciendo estas excursiones organizados por empresas turísticas que por lo general hacen habituales cruceros en el norte y proximidades del Artico.
Son cruceros organizados por empresas turísticas internacionales especializadas que chartean estos barcos. Algunos de estos barcos fueron del gobierno soviético o de institutos científicos de ese país. Ahora o bien los vendieron o bien los que quedan los alquilan pues los rusos, ya no tienen los presupuestos de antaño para sostener aquella flota de investigación o exploración polar. Viajar en esos barcos ahora es factible ya que los precios son módicos, unos 350 dólares por día y los barcos son Professor Multanovskiy, Akademik Serguey Vavilov, Akademik Ioffe, otros son el "Explorer Gap", "Endeavour", "Explorer II" el "Andrea" y por último el francés "Le Diamant" . Sobre los barcos rusos hay que decir que todos ellos pertenecen a una serie de 10 naves con ligeras diferencias y tonelaje que ese país hizo construir en Finlandia por los años 80 para la investigación oceanográfica en las regiones polares, de diferentes dimensiones.
AUSTEROS. Luego de la desaparición de la Unión Soviética, esos barcos fueron totalmente reformados y adaptados para servicio de cruceros turísticos. Algunos de ellos fueron totalmente reconstruidos, otros reciclados. Las comodidades son buenas pero austeras. Son para un tipo de turismo diferente. Lo importante de estos barcos son sus características para navegar por aquellas aguas o sea casco reforzado, pero fundamentalmente disponer de equipos humanos conocedores de ese ámbito y en esa línea de trabajo digamos que en su mayoría son profesionales venidos de organizaciones técnicas vinculadas con la Antártida que pueden ser científicas, técnicos, meteorólogos y ex miembros de las fuerzas armadas o de las bases experimentales establecidas en el continente gélido.
Algunas de estas naves, las grandes, llevan un helicóptero para uso de los viajeros. Todos ellos como hemos dicho, han pasado por Montevideo para aprovisionarse y seguir a la Antártida, South Georgia, Shetlands, las Malvinas, canales fueguinos y Ushuaia y de aquí a la Península Antártica. Pero hay otro grupo de barcos que también están comprometidos en viajes a la Antártida que no pasan por Montevideo sino que operan directamente con Las Malvinas y Punta Arenas.
Todos estos cruceros realizan casi el mismo itinerario, se bordea la Península Antártica y se viaja a los lugares ya conocidos aunque algunos suelen hacer innovaciones en los itinerarios y en los paseos con los gomones, un poco más arriesgados pero más emocionantes.
De más está decir que los barcos que van a esas áreas protegidas deben previamente ser autorizados por las autoridades marítimas internacionales para navegar por aquellas regiones bajo ciertas condiciones para lo cual deben sobre todo disponer de elementos tecnológicos capaces de preservar el medio ambiente y esto incluye los desechos y sobrantes, aguas grises y negras, así como también suministro de agua potable y la propia seguridad del barco, incluido el perfecto funcionamiento de sus motores diesel, si los tiene, con los correspondientes filtros.