Los hinchas cumplieron

EDWARD PIÑON

Fue en paz. Como lo habían acordado la Policía y los referentes de las barras de Nacional y Peñarol.

La gente respondió, demostró que se puede ir a un clásico y participar del espectáculo, en lugar de convertirse en protagonista.

La paz se respiró. Se disfrutó. Si habrá sido todo tranquilo que por momentos hasta se escuchaba los pasos de los hinchas marchando por el césped del Parque Batlle hacia el Centenario.

Apenas algunos gritos de las pequeños grupos de aficionados que arribaron al escenario calentando el pico con botellas de cerveza o cajas de vino. Pero nada más.

Parecía un clásico de otras épocas. Con los bolsos y los manyas avanzando por la avenida Ricaldoni sin provocarse, sin tratar de demostrar que son más hombres que sus rivales.

Podría decirse que fue un triunfo de la Policía, aunque también debería remarcarse que fue decisiva la actitud de los aficionados. Algunos de los cuales hasta mostraron su habilidad para evitar los problemas. Como el "flaco" vestido de jean, remera negra y gorro verde que pidió monedas para llegar al importe de la entrada a todos los que pasaron por al lado suyo, pero que levantó su gorro y demostró que abajo había uno aurinegro cuando estuvo seguro que el que se le venía derecho a él profesaba la misma religión.

La tranquilidad se mantuvo al final, pese a que los dos partidos (el preliminar y el de fondo) estuvieron cargados de mucha adrenalina.

Aunque algún bolso agarró el celular y empezó a gastar a amigos que seguramente serían carboneros, porque así lo vendieron sus palabras, la mayoría optó por el silencio y por el paso veloz para dirigirse lo más pronto posible a su destino.

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