El padrinazgo

| El empate mantuvo la hegemonía clásica, el invicto y la chance prioritaria de los tricolores

LOCURA. Centro al área de Peñarol. Primero fue penal a Pallas, pero la pelota siguió, Abreu le pegó de primera y con un remate bajo y cruzado anotó el 2° gol de los tricolores 200x140
LOCURA. Centro al área de Peñarol. Primero fue penal a Pallas, pero la pelota siguió, Abreu le pegó de primera y con un remate bajo y cruzado anotó el 2° gol de los tricolores

JORGE SAVIA

Empate. Como tantos. Como muchos. Emotivo. Sin un buen nivel de fútbol, que quedó reducido a un par de jugadas por cada lado, que se sumaron —fundamentalmente en el segundo tiempo—a las cuatro de excelente factura que gestaron los goles.

Si se quiere, incluso, la igualdad resultó cronológicamente lógica, porque Nacional dejó la sensación de haber estado un poco más cerca como consecuencia de esa ilusión óptica de superioridad arrasadora que crea todo equipo que va perdiendo y logra dar vuelta el score, sobre todo como lo hizo el equipo de Lasarte ayer, en tan sólo 4’, y porque Peñarol pudo perfectamente haber terminando ganando de no ser por el gol que erró Pizzichillo —cabeceó solo, a dos metros del arco rival y le entregó la pelota en las manos a Bava— en el último minuto.

Sin embargo, el saldo que dejó el clásico, no puede ofrecer dudas: Nacional se quedó con la mayor parte de lo que había en disputa, ya que conservó el invicto, mantiene la chance prioritaria de seguir como líder —si el miércoles próximo vence a Miramar Misiones, y si bien no incrementó el grado de paternidad sobre el tradicional adversario, habida cuenta de la forma cómo le ganó Nacional a Peñarol en 2004 por el Torneo Apertura y el Torneo Clausura, no menos cierto es que con el empate mantuvo la hegemonía clásica que desde hace un tiempo a esta parte ostentan los tricolores, mientras que los aurinegros, en cambio, se fueron del Centenario con dos consuelos de muy íntimo consumo: empataron de atrás, "a lo Peñarol" —porque faltaba poco— y evitaron una tercera derrota oficial por esa misma vía, que hubiese sido terriblemente vergonzosa.

Ahora bien, ¿fue justo? El juicio en ese plano pasa por la intimidad de la expulsión de Viera, que aparentemente gritó el segundo gol de su equipo de espaldas a los suplentes rivales y supuestamente sin "sobrar" ni proferir insultos, y dejó a Nacional con 10 jugadores en momentos en que el cuadro de Lasarte estaba para seguir de largo hacia el afianzamiento definitivo de la victoria.

El golazo de Cedrés, con un furibundo taponazo desde afuera del área, se produjo con el marco de un primer tiempo en el que Peñarol, que además complicó con las veloces aunque imprecisas diagonales de Russo, manejó mejor la pelota al influjo de la gestión de Tejera, pese a que Lasarte puso a Vázquez (que no tuvo las revoluciones de costumbre) a jugar por su zona. Pero, ya sobre el final de los 45’ iniciales, uno de los tantos buenos pases que intentó meter —sin eco en ese lapso— Ligüera, dejó un anuncio: que a la insegura zaga central de Peñarol le podía pasar lo que le ocurrió luego, en medio de un complemento en el que Nacional —ya con la inclusión de Alvez, jugando con 3 puntas adelante y línea de 3 en el fondo— se armó mejor y tuvo una actitud más protagónica, limitando a Peñarol a jugar de contragolpe, y recuperó el oportunismo clásico de Abreu y en 4’ pasó a ganar 2 a 1.

Ahí estaba para ganar Nacional. Pero vino la roja a Viera. Los cambios de Morena. El no querer perder de Peñarol. El golazo de Tejera. Y lo de costumbre: la polémica, las dudas. Con una certeza única: lo que quedó en pie fueron el invicto, la chance prioritaria de salir campeones y hasta el padrinazgo —sino la paternidad— de los tricolores.

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