Una lata que suena cada vez mejor

| Latasónica es un grupo de percusión que utiliza accesorios cotidianos como instrumentos

MAURICIO RODRIGUEZ | maurodrielpais@hotmail.com

Son siete jóvenes que se conocieron en los talleres de percusión alternativa del músico Nicolás Arnicho. Tres de ellos son estudiantes, dos trabajan en diferentes industrias, uno es cartero y el último es docente. Sus edades van de los 23 a los 33 años y, compartiendo una misma pasión por descubrir sonidos diferentes, formaron Latasónica, un grupo de percusión que no solo le saca música a los accesorios que nos rodean en la vida diaria, sino que apunta con su propuesta a difundir el concepto del reciclaje.

PRIMEROS GOLPES. En enero de 1999, Arnicho invitó a algunos alumnos de su taller de percusión (donde se utilizaban baldes de pintura como instrumentos) a participar en una iniciativa denominada Salen camiones, que consistía en tocar en un camión amplificado junto a la célebre agrupación Tribu Mandril. El vehículo, auspiciado por una firma de refrescos recorría la Rambla montevideana y paraba en algunas playas para que los músicos tocaran. Allí surgió Latasónica. "Arnicho manejaba ese nombre para algún grupo del estilo y un día, en una nota periodística, al verse apurado por quien lo entrevistaba, hizo nuestro bautismo. O sea, nunca pudimos elegir el nombre, pero fue perfecto porque la gente nos relacionaba con la imagen y el sonido de las latas", señala José María Ramírez, de 27 años e integrante de la banda.

Los otros seis "lateros" o "tocalatas" (como los empezó a llamar el público) son Fernanda Bértola, Andrea Silva, Nicolás Robledo, Federico Vernazza, Sergio Amón y Francisco Silva. Inicialmente ensayaron en el Liceo Sagrado Corazón, en el Reducto, y hoy en día se encuentran una vez por semana en el local de la ONG El puente de la Ciudad Vieja. Dedican unas tres horas por ensayo a trabajar sus temas, pero agregan horas y días cuando se acerca algún evento especial.

Todos son amantes (y estudiosos) de la percusión y, por ello, siempre están atentos a sus diversas manifestaciones. Los ritmos que elaboran están enfocados a los que predominan en Latinoamérica, pero con notorias influencias africanas. Por eso, el repertorio de la agrupación incluye la rumba, el samba, el merengue, el candombe y la marcha camión, entre otros ritmos.

Insólitamente, logran interpretar estos diferentes tipos de música golpeando accesorios tan rutinarios como baldes, latas, tazas, sartenes, platos, botellas y calderas, así como también palos de agua o maracas que el propio grupo crea.

LATAS A ESCENA. "Con nuestro trabajo buscamos difundir el reciclaje, no solamente a nivel del medio ambiente, sino también reaprovechando las cosas que tenemos a mano todos los días para volverlas a favor de nuestra alegría. Por eso, a los instrumentos que usamos se les denominan ‘cotidiáfonos’, porque están siempre presentes en lo cotidiano", afirma Ramírez

Con estos extraños "instrumentos", en estos seis años han compartido escenarios con Emil Montgomery, La Chancha Francisca y Kongo Bongo, entre otros. Festejaron los siete años de No te va a gustar en Milenio y participaron en el Encuentro de Percusión Joven y en el Primer Festival de Percusión Internacional, realizado en Buenos Aires. También filmaron un comercial para Inglaterra e intervinieron en un documental que se hizo para la BBC de Londres. Estuvieron en el Festival de Arte Joven de la Municipalidad de San Isidro en Argentina y han mostrado su arte en canales de televisión, fiestas callejeras, eventos culturales y jornadas a beneficio. Hoy en día se los puede ver en la feria del Parque Rodó de los domingos.

"En todos estos lugares por donde deambulamos encontramos públicos muy distintos, pero generalmente la primera respuesta es de sorpresa. La gente se detiene a escuchar esos sonidos que provienen de elementos que no son instrumentos tradicionales. A partir de ahí se va generando un clima, hasta que empiezan a interactuar. Para eso se dispone el show, para ir de menos a más con el público ya que sabemos que los uruguayos somos un poco tímidos. Además, tenemos mucha interacción con los niños y cuando terminamos de tocar, son los que más se acercan a ‘probar’ los instrumentos", apunta el músico.

Con la intención de llegar a más gente, están proyectando hacer una presentación en algún teatro. "La comunicación y la receptividad con el público nos gratifica y nos empuja a seguir adelante por este camino y queremos demostrarles que también se puede ‘reciclar’ una relación de amor, de amistad, de trabajo, etc. Es algo que todos podemos hacer desde el lugar en que nos tocó vivir en este mundo", concluye el percusionista.

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