Enhorabuena

El representante de una prestigiosa empresa de encuestas de opinión informó hace pocos días que de acuerdo a recientes relevamientos un 65% de la población estaba de acuerdo con la política económica del gobierno, y sólo un 10% se manifestaba en contra. También informó que en mayo del año 2000 a tres meses de haber asumido el gobierno anterior, el apoyo a la política económica del mismo era tan solo de un 29%. Parece sorprendente, porque sustancialmente si algo no ha cambiado ni va a cambiar en el país es justamente la política económica, especie de bestia negra con que la oposición frentista amedrentó a los uruguayos durante tanto tiempo, y ahora accede al poder para seguir por el mismo camino. Sin embargo, esto tiene su lógica. En primer lugar el apoyo con que llegó del Frente Amplio al gobierno fue mucho más sólido que el obtenido por Batlle o por Sanguinetti o por Lacalle. Eso hace perdurable la luna de miel entre gobierno y pueblo que lo votó porque hay sin ninguna duda un segmento importante de la sociedad que está cautivo. En segundo lugar podría pensarse que la gente comprendió no sólo que en los tiempos y en el mundo en que vivimos no hay otra política económica que ésta, que con cordura maneja Astori, sino también que después de la fuerte recesión que siguió a la crisis de 2002 el país no está para inventos. Esto sería un gran progreso. También ha de influir sin duda el crecimiento constante de la economía. Nadie podrá decir que el mismo es consecuencia de nuevas medidas tomadas en ese plano por el gobierno, nadie podrá atribuirle al gobierno el aumento del treinta por ciento de las exportaciones del mes de abril, sino que todo es la consecuencia de una recuperación de la economía que en franco ascenso se estaba manifestando mucho antes del primero de marzo. Que esto sea consecuencia de una situación de coyuntura, en parte es verdad. Pero no se puede negar el mérito de la gestión del gobierno antecedente, fundamentalmente en lo que hace a la búsqueda y obtención de nuevos mercados para colocar nuestra producción, como es el caso de Estados Unidos con la carne.

No se puede sino estar de acuerdo con la opinión de la amplia mayoría de la gente, que podrá quejarse o encontrar defectos en otros aspectos, pero no en este: la política económica a seguir es esta y con variantes de adaptación a los diversos momentos fue y debe seguir siendo la misma, debiéndose quizá intensificar los estímulos a la inversión extranjera, poniendo en evidencia los disparates de los movimientos sindicales que hacen todo lo posible por alejarla.

No deja de ser original que en el mismo programa en que se dio esta información, el ministro Mujica, enterado de la misma, haya mascullado para sí pero en términos audibles, "esperate a que pasen dos años y vas a ver qué opina la gente".

No compartimos ese pesimismo.

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