BUENOS AIRES | EFE y LA NACION/GDA
Argentina asiste hoy al 195 aniversario de su independencia en festejos que estarán marcados por otro aniversario: también un 25 de mayo, pero de 2003, asumía la presidencia el ex gobernador de la sureña provincia de Santa Cruz, Néstor Kirchner.
Fiel a su personalidad nada protocolar y rupturista, Kirchner es el primer mandatario argentino en dos siglos que resolvió trasladar la ceremonia oficial y el tradicional Tedeum del 25 de mayo de la capital a la provincia de Santiago del Estero. La medida, especulan los medios argentinos, se inscribe en el conflicto que mantiene el presidente con el Arzobispado de Buenos Aires a raíz de la destitución a principios de año del obispo castrense Antonio Basseoto. El tedeum es la misa que se realiza en las fechas patrias.
Además de con la Iglesia, el presidente llega a la mitad de su mandato con un enfrentamiento con la Justicia y contra ciertos grupos piqueteros. "Una verdadera libertad de expresión debe desistir del procedimiento de cortar calles porque eso es quitarle derecho a otros argentinos que también trabajan y sufren", dijo ayer el mandatario en señal inédita contra estos grupos, algunos de los cuales se le han aliado.
La retórica confrontativa ha sido una característica del llamado "estilo K", producto de la necesidad de Kirchner a mostrarse fuerte tras ser elegido con el 22% de los votos, luego del abandono del balotaje del ex mandatario Carlos Menem. Esa debilidad electoral, es el principal enemigo de Kirchner, y por ello se dispone a vencerlo en las elecciones legislativas del 23 de octubre. Los comicios, según declaró, serán un plebiscito sobre su gestión con la esperanza de que sus candidatos —entre ellos la primera dama, Cristina Fernández— obtengan un apoyo electoral que también legitime al mandatario.
La popularidad del presidente es alta en una Argentina que venía de su peor crisis económica e institucional en la historia reciente y de un mandato "ausente" como el de Fernando de la Rúa. Por contraste, los argentinos obtuvieron un Kirchner exultante que tildó de "buitres" al FMI y a los bonistas y hasta llamó a un boicot contra la empresa de combustibles Shell, que había subido las tarifas.
Pero al mismo tiempo, el mandatario se las ingenió para dar señales moderadas, lo que finalmente le permitió realizar un exitoso canje de deuda pública para salir del default. Ese tal vez sea el principal logro de su gestión.
De acuerdo con un reciente sondeo del Centro de Estudios de la Opinión Pública, un 79% de la población apoya la gestión de Kirchner, pero las perspectivas pueden resultar desalentadoras. El Producto Interior Bruto (PIB) ha venido creciendo sostenidamente pero el índice de desempleo está estancado en 12% desde el año pasado. Encima, el canje de deuda tendrá sus costos y podría ocasionar serias restricciones en el gasto público. Por lo pronto, en junio, Argentina deberá desembolsar US$ 920 millones a los bonistas.
Al mismo tiempo, diversos sindicatos volvieron a las calles porteñas la semana pasada y el sector educativo, por ejemplo, quedó paralizado. La demostración de fuerza sindical —que había perdido terreno ante el movimiento piquetero, compuesto sobre todo por desocupados—alertó al gobierno de Kirchner que debió anunciar la convocatoria al Consejo de Salario Mínimo, aunque prefirió el silencio ante los reclamos de incremento salarial.
PERSONALIDAD. Con todo, el "estilo K", que ha generado tantos enemigos como fieles amantes, logró estabilizar la situación política y reconstruir el devaluado poder presidencial.
Kirchner gobernó casi exclusivamente vía decreto. Según un informe que publica ayer el diario La Nación, el mandatario aprobó 166 decretos mientras que al Congreso envió 96 proyectos de ley. Las cifras revelan que Kirchner ha gobernado casi solo, con un Poder Legislativo dividido e incapaz de imponer una agenda política.
Formalmente, el presidente tiene una mayoría legislativa, en cuanto adhiere al Partido Justicialista (el peronismo), la mayor agrupación política del país. Sin embargo y bien mirado, el gran proyecto político de Kirchner se llama "transversalidad", lo que implica hacer alianzas con sectores ajenos al peronismo y de tendencia progresista. La jugada le valió a Kirchner serios enfrentamientos con líderes justicialistas, entre ellos su "padre" político, el ex presidente Eduardo Duhalde. De hecho, la unidad del peronismo dependerá en gran parte de que Duhalde y Kirchner acuerden o no una plancha de candidatos justicialistas para los próximos comicios legislativos de octubre.
Desde su primer día, Kirchner dio todas las señales de lo que vendría. Aquel 25 de mayo de 2003, se salió del protocolo y avanzó entre la gente en la Plaza de Mayo, lo que le costó una lastimadura en la frente. Luego, recibió el bastón presidencial y se dedicó a jugar con él, al tiempo que guiñaba un ojo ante las cámaras y levantaba el pulgar.
Torpeza, retórica guerrera y optimismo, después de todo, han sido las marcas registradas de sus dos años en la Casa Rosada.
El estilo k
DD.HH. Apenas investido, Néstor Kirchner accionó una fuerte política por el esclarecimiento y contra la "impunidad" de los crímenes cometidos durante la dictadura argentina (1976—1983). El mandatario renovó a toda la cúpula militar, impulsó la derogación de las leyes de perdón y obediencia debida (que establecían la amnistía para esos delitos) e instaló el "Museo de la Memoria" en el mismo lugar donde funcionó la mayor cárcel clandestina de la dictadura, la ESMA.
JUSTICIA. En otro gran proyecto, Kirchner logró la renovación total de los miembros de la Corte Suprema de Justicia, cuyos integrantes respondían políticamente al ex presidente Carlos Menem. El presidente ha sido siempre muy crítico de la Justicia y de hecho, estos días se enfrenta a ella por manifestar su "repudio" a la liberación del dueño de la discoteca porteña donde murieron 193 jóvenes en diciembre de 2004.
DEUDA. Al mantener como ministro de Economía a Roberto Lavagna, Kirchner apostó por un pragmatismo moderado para encarar la herencia más pesada de su gobierno: la multimillonaria deuda pública y la cesación de pagos desde 2001. El presidente utilizó una retórica muy dura contra el FMI y otros organismos de crédito e incluso con los acreedores particulares del país. Finalmente, logró a principios de 2005 con éxito un canje con los bonistas, lo que le permitió salir del default.
MERCOSUR. Kirchner viró paulatinamiente de un discurso con fuerte impronta regional a otro más receloso de la integración y fundamentalmente de las actitudes de su vecino y principal socio, Brasil. El propio Kirchner manifestó el fin de semana que con las "serias asimetrías", el bloque es "poco viable".
URUGUAY. Las relaciones del presidente argentino con Uruguay han dependido de quién ejerciera la presidencia en Montevideo. En tiempos de Jorge Batlle, los encontronazos fueron frecuentes, sobre todo por la presunta falta de colaboración de Batlle respecto a los desaparecidos en la década de 1970. Con la asunción de Tabaré Vázquez, el giro fue completo y de hecho ya se han reunido tres veces.