Viéndolo, sobre todo en ese primer tiempo cansino, de marcas sueltas por ambos lados, y hasta con un cierto aire de partido de campeonato de barrio, uno podría preguntarse: este Nacional, ¿es o se hace?
Porque el de ayer para los tricolores no era un partido rutinario. Y, sin embargo, Nacional parecía estar dejándolo pasar. Por lo del ritmo con que participó en el trámite, y por las situaciones que no capitalizó, incluso en la primera etapa, cuando eran 11 contra 11, y aunque con un funcionamiento colectivo aceptable, Wanderers atrás le daba facilidades, tanto por arriba como por abajo.
Cuando le iba la vida, e incluso estaba herido por la expulsión del "Lucho" Romero que lo obligó a "desangrarse" tácticamente y hacer "la gran Carrasco" jugando con un 3-1-3-2 con el que —igual que Wanderers del otro lado— apostó al todo o nada, Nacional cargó las armas. Y tuvo puntería: afuera de la cancha, por parte de Lasarte, que hizo los cambios acertados; y adentro, donde reiteró que tiene más reservas ofensivas que cualquier otro equipo del fútbol uruguayo. Sólo el más firme candidato a campeón es capaz de tener su mayor capital —los goles de Abreu y Coelho, y la vivacidad de Alvez— guardado en el banco para recurrir a él cuando le hace falta.