Las crónicas periodísticas aseguran que llegaban a 40.000 los entrerrianos que el sábado marcharon por el puente San Martín desde la costa argentina en dirección a la nuestra, como forma de demostrar su oposición a la instalación de dos plantas de celulosa en territorio del departamento de Río Negro. La marcha, una verdadera invasión, tuvo el apoyo de algunos compatriotas y hasta se vio flamear una bandera uruguaya entre los centenares de carteles que portaban los extranjeros (también las tropas argentinas de Mitre, cuando se dirigían a arrasar el Paraguay en los tiempos de la Triple Alianza, llevaban en sus filas a malos paraguayos que bajo los pliegues de la bandera de su país colaborarían en la tarea de arrasar a su solar natal).
Lo llamativo es que esa marcha multitudinaria, que pudo haber degenerado en incidentes de magnitud muy grave (todos sabemos lo relativamente sencillo que es infiltrar una multitud y llevarla a cometer actos de violencia) no causó preocupación a nadie; ni a las autoridades argentinas, nacionales o provinciales, que no se hicieron ver durante la protesta, ni a las uruguayas, que se limitaron a cortar el tránsito vehicular por el puente, durante las seis horas que duró la manifestación. A esta altura conviene hacer algunas puntualizaciones: los responsables de las dos empresas —una finlandesa y española la restante— que aspiran a operar en el Uruguay han asegurado que sus actividades no contaminarán en absoluto el área. Y como prueba de ello muestran los excelentes resultados ambientales que han dejado sus emprendimientos forestales en Europa. También uno de los directivos de Ence (la empresa española) recordó que inicialmente su compañía intentó radicarse en Argentina, pero problemas burocráticos surgidos en el vecino país la hicieron desistir de ese proyecto (habría que preguntarle a María Julia Alsogaray, la procesada ministra de Menem, si conoce o sospecha cómo se manifestaron esas dificultades burocráticas) y adjudica la actual oposición argentina a estos dos emprendimientos a razones políticas. Hace pocos días un artículo de nuestro corresponsal en Fray Bentos nos ilustraba sobre la enorme expectativa que la instalación de las dos forestadoras había despertado en aquella ciudad, las inversiones paralelas que ya se habían hecho, las que se han anunciado y la cantidad de puestos de trabajo que ellas crearán. Contra eso, contra el desarrollo del Uruguay y la felicidad de los fraybentinos fue dirigida la asonada que ocupó el sábado el puente que une las dos naciones. Eso es lo que deben saber los gobernantes y toda la ciudadanía. Y actuar en consecuencia: todos unidos en defensa del desarrollo, la integridad y la dignidad de nuestro país.