New York Times | Ian Fisher
El primer ministro italiano no es un hombre alto, a pesar de que tuvo la estatura suficiente para llevar adelante el mandato más largo desde la Segunda Guerra Mundial. Pero ahora, su aura de poder está desvaneciéndose, hasta el punto que incluso su altura fue un elemento utilizado en el Parlamento.
"La nación es grande", dijo el líder opositor Piero Fasino con Silvio Berlusconi, que mide 1,68 presente en la Cámara , "pero el que la guía es pequeño e inadecuado". Solo eso podría haber sido tolerable pero Marco Follini, un aliado —desencantando— de Berlusconi, se negó a aplaudir cuando en esa misma sesión el primer ministro tomó la palabra, dando pie a la posibilidad de que Berlusconi no sea el candidato de la coalición, en las próximas elecciones programadas ahora para comienzos de 2006.
Es un poco prematuro declarar a Berlusconi, de 68 años, políticamente moribundo. El 20 de abril se vio forzado a renunciar temporariamente, pero el Parlamento lo respaldó y bendijo su reformada coalición de gobierno con partidos de centro-derecha.
"Como decimos en Italia, tiene siete vidas como los gatos", asegura Romano Prodi, el líder de centroizquierda con más posibilidades de desafiar a Berlusconi. Prodi duda de que sea "el comienzo del fin" para su archirrival.
Pero enemigos y aliados de Berlusconi coinciden que después de la derrota de la centroderecha en la elecciones regionales del mes pasado, está gravemente herido y su aire de invencibilidad deteriorado. Aún más entre sus aliados y algunos de sus votantes, parece haber cierto desencanto con el experimento de gobernar a fuerza de su exótica y fuerte personalidad.
Incluso Berlusconi, quien ha dominado la política italiana desde que fue elegido en 2001 y la ha mantenido viva a base de un estiramiento facial, un transplante de pelo y aparentemente un grave problema a la hora de articular sus dichos, empezó a vislumbrar la posibilidad de una Italia sin que él la lidere.
"Nadie es irremplazable", dijo en comentarios publicados el viernes por el Corriere della Sera. "Lo importante es que Italia permanezca en manos de las fuerzas moderadas, que no termine en manos de la izquierda". El periódico, el más influyente de Italia, informó que Berlusconi le dijo a su equipo que la popularidad de su gobierno cayó tanto que si hubiera habido eleciones cuando el fue forzado a renunciar, él y los socios de su coalición hubieran perdido.
Durante años, Berlusconi, el hombre más rico de Italia, ha confundido a sus rivales, en su país y en Europa con su combinación de viveza política, brío y una suerte que parecía inextinguible. Afrontó una ola de acusaciones de corrupción, pero logró pasar leyes que sus críticos aseguran le permitieron eludir los cargos, y a finales del año pasado se libró de las peores acusaciones en su contra.
La guerra en Irak es profundamente impopular en Italia, pero él envío 3.000 soldados italianos. Los dispares miembros de su coalición tendrán poco en común pero ha durado más que cualquiera de los 58 gobiernos en Italia desde 1945.
Pero en abril, finalmente se chocó contra una pared de desaprobación popular. Su coalición de gobierno fue vapuleada en las elecciones regionales, al ser derrotada en 12 de las 14 regiones. En respuesta a eso, a mediados de abril, Follini y su Unión Demócrata Cristiana se retiraron del gabinete, y después de una inicial negativa, Berlusconi renunció, obligando el presidente Carlo Azeglio Ciampi a elegir gobierno. Berlusconi y los suyos aseguran que la principal razón para la derrota es la problemática economía italiana y hacen notar que las condiciones no están mejor en el resto de Europa, con excepción de Gran Bretaña. Si hubiera una economía saludable, argumentan, Berlusconi no enfrentaría esos problemas.
"¿Hay algún gobierno en Europa que esté ganando las elecciones?", se pregunta Rocco Buttiglione, una autoridad en el partido de Follini, que fue hecho ministro de cultura en la reciente reorganización del gobierno. "La gente está enojada". Pero aún aquellos que lo apoyan apuntan que la buena disposición hacia Berlusconi se está dañando en otros frentes más allá de la política o el estilo personal. El involucramiento en Irak llegó a su punto crítico cuando la muerte en un tiroteo en el que participaron soldados estadounidenses, de un agente de Inteligencia italiano en Bagdad el 4 de marzo. Y la mala economía no sería un problema, algunos dicen, si a Berlusconi no le fuera tan bien en sus negocios o si pareciera que está haciendo algo para salir adelante.
"No convence a los italianos de que realmente se está preocupando por el problema", dijo Giuliano Ferrara, el editor del conservador diario Il Foglio y vocero de Berlusconi cuando fue primer ministro por primera vez hace una década. "Y algunas opciones simbólicas como restaurarse el rostro, recuperar su pelo y gobernar como si fuera un rey, con su lenguaje especial por fuera de las limitaciones de la política ha sido letal".