enfoque 2 edward piñon
Ni en la acalorada ciudad de Barranquilla, ni en la elevada altura de Quito y mucho menos en la húmeda Buenos Aires.
En ninguna de esas tres ciudades se frustraron las ilusiones que Nacional tenía de realizar una buena Copa Libertadores. La debacle. La afrenta contra su rica historia sucedió en Montevideo.
Porque fue acá donde el bolso manoseó su grandeza al mostrarse incapaz de sumar puntos de local. Y lo más irritante, a juicio del periodista, es que la oposición de sus rivales no tuvo la bravura de esos equipos que pueden ser considerados enemigos de riesgo.
Por eso a Nacional le puede costar apaciguar el dolor de no haber sabido ser un equipo ganador frente a dos conjuntos (se excluye a River de Argentina) que, tanto en el Centenario como en el Parque Central, simplemente se mostraron ordenados y respetuosos de la figura táctica.
Es por ello que, debe concluirse, que Nacional fue eliminado del torneo por sus equivocaciones. Por la falta de audacia y juego colectivo en su debut ante Junior y por su inoperancia en el estreno copero del Parque Central.
En uno y otro partido el bolso recibió un doble cachetazo que lo dejó al borde del nocáut. Y si la toalla no la tiraron desde el rincón fue porque la propia mediocridad de sus oponentes le permitió seguir con vida hasta la última fecha.
Para Nacional la Copa terminó ayer, aunque en realidad se despidió de ella en Montevideo.